Estados Unidos suavizó ligeramente el martes su oposición a que se otorgue ayuda militar internacional a los rebeldes en Siria y varios funcionarios indicaron que podrían explorar nuevas tácticas si el presidente Bashar Assad sigue desafiando la presión mundial para que suspenda su campaña brutal contra la oposición.

A través de mensajes coordinados, la Casa Blanca y el Departamento de Estado dijeron que aún esperan una solución política, pero que ante los ataques cometidos diariamente por el régimen de Assad contra civiles sirios, han decidido dejar de oponerse enérgicamente a las propuestas para armar a las fuerzas que se oponen al régimen. Sin embargo, no quedó claro el papel que jugaría Estados Unidos — si lo tuviera — en dar tal ayuda.

"No queremos hacer algo que contribuya a una mayor militarización de Siria porque eso podría llevar al país a un camino peligroso", dijo a los reporteros el secretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney. "Pero no descartamos medidas adicionales si la comunidad internacional tiene que esperar demasiado y no tomar el tipo de medidas que necesitan ser tomadas".

El gobierno estadounidense había dicho antes que la respuesta para la situación en Siria no eran más armas. Tampoco había mencionado "medidas adicionales".

En el Departamento de Estado, la vocera Victoria Nuland usó un lenguaje casi idéntico para describir la nueva postura de Washington.

"Desde nuestro punto de vista, no creemos que tenga sentido contribuir ahora a una mayor militarización de Siria", dijo ante los reporteros. "Lo que no queremos ver es que incremente la espiral de violencia. Dicho esto, si no logramos que Assad ceda ante la presión que todos estamos ejerciendo, tendremos que considerar medidas adicionales".

Más de 70 países han sido invitados a participar en una reunión programada para el viernes en Túnez de los "Amigos de Siria". La reunión se sostendrá tras el fracaso del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por aprobar un plan de los países árabes que habría despojado a Assad de su poder.

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La periodista de The Associated Press Pauline Jelinek contribuyó con este despacho.