Cuatro meses después de la muerte de Moamar Gadafi y tras haber desempeñado un papel crucial en la caída del dictador, los ciudadanos de Misrata lucían frustrados por el estancamiento de las reformas: Estaban impacientes de ver los cambios por los que derramaron sangre.

Los revolucionarios acusaron de corrupción profunda al autonombrado concejo municipal — el cual ascendió al poder al principio de la sublevación popular_, acusaciones que el jefe del concejo negó.

Efectuaron un plantón en las escaleras del concejo e hicieron que los integrantes renunciaran y convocaran a nuevas elecciones, que se realizaron el lunes.

La votación fue el primer experimento en democracia real en Libia y el hecho de que haya ocurrido aquí demostró la nueva influencia de Misrata, la tercera ciudad más grande del país, en la escena política nacional.

Es también otro ejemplo de cómo Libia se está fragmentando en ciudades-estado autónomas en gran medida, con poderosas milicias locales. Muestra el surgimiento de gobiernos locales que cuando mucho tienen vínculos poco profundos con el gobierno central en Trípoli, conocido como el Consejo Nacional de Transición.

"Esto es un cambio en Libia de la supresión y la dictadura a la democracia", dijo Abdalá al-Kabir, comentarista político en Misrata. "Nunca ha habido elecciones reales en Libia".

Hasta ahora, ciudades como Misrata están avanzando en la transición a la democracia incluso más rápido que el gobierno nacional.

El Consejo Nacional de Transición dijo que las elecciones para la asamblea nacional de 200 integrantes se realizarán en junio, pero no se ha establecido una fecha específica. La asamblea nombrará un nuevo gobierno y elegirá un panel para que redacte una constitución.

Sin embargo, muchos libios están frustrados con lo que dicen es un ritmo lento de transformación política. La ciudad costera de Bengasi, capital de los insurgentes durante la sublevación, también ha destituido a su concejo y convocado a elecciones el mes próximo.