La cara más amarga de la crisis económica en España volvió a manifestarse en el mercado laboral, que cerró 2011 con 5,4 millones de desempleados y una tasa de desocupación cercana al 24%, informó el jueves el gobierno.

"Esta cifra ha hecho perder la confianza al conjunto de los 47 millones de ciudadanos que viven en España", dijo el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, durante una intervención en el Parlamento.

El gobierno del Partido Popular se adelantó un día las malas noticias. Según los datos de Montoro, el desempleo creció en medio millón de personas con respecto al tercer trimestre de 2011. La tasa de desocupación pasó del 21,5% a casi el 24%.

Los detalles y cifras oficiales del desempleo los hará públicos el viernes el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El peor dato desde el que INE realiza la serie estadística de empleo fue la tasa del 24,5%, que se registró en el primer trimestre de 1994.

El presidente Mariano Rajoy hizo de la lucha contra el desempleo la bandera de su campaña para ganar las elecciones de noviembre. Apenas asumió el cargo hace un mes, anunció una reforma del mercado laboral, cuyo contenido tratan de consensuar sindicatos y patronal, pero que en cualquier caso el gobierno quiere aprobar en febrero.

Está previsto que la economía española vuelva a caer en recesión en 2012, sólo dos años después de haberla superado. El Producto Interno Bruto no ha conseguido remontar el vuelo, el consumo permanece estancado y se prevé que la economía se contraiga en el último trimestre de 2011 y el primero de 2012.

De hecho, el Banco de España predijo un crecimiento negativo del 1,5% del PIB para 2012.

"La política del gobierno consiste en superar, y en superar cuanto antes, la peor crisis económica de nuestra historia reciente, la más destructora de empleo, la que más ha disipado la confianza de nuestros jóvenes en su futuro", señaló Montoro.

El ministro admitió que la gravedad de la crisis ha colocado a España en el "epicentro de los problemas del euro".

Además de la recesión, el país ibérico enfrenta un grave problema de deuda, que le ha obligado a poner en marcha duros ajustes para evitar un rescate financiero, que dificultan el repunte de la economía.