El presidente saliente Alí Abdulá Salé saldrá pronto hacia Omán, en ruta a Estados Unidos para recibir tratamiento médico, parte de un esfuerzo estadounidense para sacar al gobernante del país y permitir con ello una transición pacífica del poder.

Desde hace varias semanas, Washington trata de encontrar un país en el que Salé pueda vivir en exilio, porque no quiere que se radique permanentemente en Estados unidos.

El volátil presidente, que ha gobernado durante más de 33 años, dijo en varias ocasiones que va a salir del país, pero al final decidió que se quedaría.

Comentarios oficiales el sábado indicaban que podría radicarse en Omán. Tres funcionarios dijeron que Salé iría a Omán, pero estaban divididos en torno a si permanecería en exilio allí o regresaría a Yemen una vez concluya su tratamiento. Su regreso pudiera significar la continuación del caos político y la violencia en el país.

Luego de casi un año de protestas en demanda de su renuncia, Salé entregó en noviembre el poder a su vicepresidente y acordó dejar el puesto. Desde entonces se creó un gobierno de unidad entre su partido y la oposición. Sin embargo, Salé — aún presidente formalmente — ha continuado influyendo en la política tras bambalinas, a través de su familia y aliados en posiciones de poder.

Estados Unidos no quiere recibirle permanentemente para no ser asociado con un gobernante a quien los yemeníes acusan de la muerte de numerosos manifestantes. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han rechazado a Salé.

También el sábado, el gabinete de Yemen aprobó enmiendas a una ley de inmunidad, para que los colaboradores del presidente puedan, dado el caso, ser enjuiciados por corrupción.

Las enmiendas, de acuerdo con un comunicado por el gabinete, seguirían protegiendo a funcionarios en contra de acusaciones por actos de terrorismo y de cargos calificados como "políticos".

El comunicado señala que la inmunidad aún cubre por completo a Salé.