La presión que ejercen los mercados sobre la deuda soberana de Portugal volvió a intensificarse hoy hasta elevar los intereses que penalizan las obligaciones lusas a cinco y diez años a valores récord desde la entrada en vigor del euro.

Pese a superar sin problemas su emisión de bonos a corto plazo de ayer, en el mercado secundario -donde se compran y venden los títulos adquiridos en esas subastas- su deuda a largo plazo sigue en el punto de mira de los inversores.

La decisión de Standard & Poor's de rebajar la calificación de Portugal en dos escalones hasta "BB" -considerado ya "bono basura"- ha afectado negativamente a la cotización de las obligaciones lusas, que desde principio de semana se ha vuelto a disparar, una señal de que los mercados mantienen sus dudas sobre la solvencia del país.

A diez años -plazo utilizado habitualmente como referencia-, los títulos portugueses se vendían hoy a un interés del 14,6 %, casi dos puntos y medio más que el viernes, lo que supone un nuevo máximo histórico.

La prima de riesgo -que mide la diferencia con el bono alemán a diez años- también volvía a aumentar hoy, hasta rondar los 1.280 puntos básicos.

En el caso de las obligaciones lusas a cinco años, la rentabilidad exigida por los inversores para adquirirlas subía hasta el 18,2 %, un valor inédito desde que el euro comenzara a circular.

Después de unas semanas de relativa tranquilidad, Portugal ha visto desbocarse los intereses que penalizan su deuda desde el lunes, cuando sus títulos a cinco años cotizaban al 15 % de interés.

Analistas lusos apuntaron hoy a la bajada del "rating" decretada por Standard & Poor's el viernes como principal razón del aumento de la presión de los mercados sobre Portugal, al provocar que los inversores exijan una mayor rentabilidad para adquirir títulos lusos.

Las otras dos principales agencias de notación financiera del mundo, Moody's y Fitch, ya habían rebajado el pasado año la nota de Portugal hasta un nivel equivalente al de "bono basura", es decir, inversión poco recomendable por su elevado riesgo.

Precisamente la asfixiante presión de los mercados -reflejada en los cada vez mayores intereses que tenía que pagar el país cuando subastaba deuda a largo plazo- fue el motivo que llevó a las autoridades lusas a solicitar el rescate financiero de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional en abril de 2011.

Esta petición de ayuda se concretó en un préstamo de 78.000 millones de euros destinado a cubrir las necesidades financieras de Portugal a largo plazo, concedido a un interés teóricamente más favorable al que conseguiría en el mercado (entre el 4 y el 5 %) y evitar así tener que subastar obligaciones hasta por lo menos 2013.

A cambio, el país se comprometió a cumplir un severo programa de recortes que el Ejecutivo conservador luso -salido de las urnas en junio y que desbancó a los socialistas tras siete años en el Gobierno- ha implementado hasta el momento a rajatabla y que ya se nota en el día a día de los portugueses.