El chamán contratado para ahuyentar la lluvia durante la ceremonia de clausura del Mundial Sub20 defendió el miércoles su trabajo e insistió que gracias a sus gestiones no hubo precipitación ese día.

El campesino Jorge González Vásquez se convirtió en el personaje del momento en Colombia luego que la fiscalía colombiana lo incluyó en la investigación sobre presuntos gastos irregulares en la organización del acto de cierre del Mundial.

Según las autoridades que investigan los gastos, los organizadores de la ceremonia de clausura realizada el 20 de agosto de 2011 en el estadio El Campín, de Bogotá, le pagaron 2.500 dólares al chamán para que ahuyentara la lluvia.

González Vásquez, conocido como el "Señor de la lluvia", alega que su profesión es la radiestecista, una actividad pseudocientífica basada en estímulos electromagnéticos para controlar la lluvia.

Dijo que el día de la final del Mundial Sub20 buscó un campo magnético en el Parque Simón Bolívar, a unas cuadras del estadio El Campín.

"Trabaje día y noche en el Simón Bolívar, es un parque misterioso, es como un pulmón de energía, tiene un campo magnético y por medio del péndulo y con la ayuda de Dios logré que no lloviera en la clausura", señaló en una entrevista telefónica con la AP.

El mal tiempo afectó varias jornadas del Mundial y retrasó la inauguración y la final pero no el espectáculo organizado por la antropóloga y directora de teatro Ana Marta de Pizarro.

"Si llueve, el evento no se habría podido realizar", sostuvo Pizarro, y anotó que la difunta directora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, Fanny Mickey, apelaba al mismo hombre para que el mal tiempo no afectara eventos al aire libre.

Mientras González Vásquez atiende a los medios en su casa en la población de Dolores, en el departamento de Tolima, la fiscalía abrió un expediente cuando el contralor de Bogotá, Mario Solano, denunció que el Instituto de Recreación y Deporte de la capital no justificó gastos equivalentes a un millón de dólares en la organización de la ceremonia de clausura, incluyendo los 2.500 dólares pagados al chamán.

El costo del espectáculo en el estadio El Campín de Bogotá ascendió a unos 2,5 millones de dólares, según cifras oficiales.