El desplazamiento regular del partido republicano a la derecha, ejemplificado por el ascenso del tea party, sigue chocando con una paradoja cuadrienal que frustra a los conservadores: las elecciones primarias.

Pese a todo su éxito en las contiendas legislativas, el ala derechista de los republicanos una y otra vez ha fracasado en sus esfuerzos por unificarse en respaldo de un candidato conservador para hacerle el nominado oficial del partido a la Casa Blanca. Sucedió en el 2008 con John McCain y en 1996 con Bob Dole.

Ahora los conservadores temen que se repita la historia en Carolina del Sur, el corazón del movimiento del tea party. El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney marcha con ventaja en los sondeos allí, amenazando con barrer en las tres primeras contiendas republicanas del año y prácticamente garantizarse la nominación en las primarias el sábado.

Más de 100 líderes evangélicos y conservadores se reunieron la semana pasada en Texas, con esperanzas de frenar el avance de Romney respaldando al senador Rick Santorum. Pero las opiniones no fueron unánimes y muchos activistas del partido piensan que la gestión podría haber sido demasiado débil y tardía.

La falta de cohesión del grupo — evidenciada el lunes cuando algunos miembros expresaron su apoyo al ex presidente de la cámara baja Newt Gingrich — ilustra las históricas dificultades de la derecha a la hora de unificarse tras un candidato.

Romney, mientras tanto, recibió un nuevo impulso el lunes, cuando el ex gobernador de Utah Jon Huntsman, con el que peleaba los votos de los sectores moderados, se retiró de la contienda y le dio su respaldo.

Romney comenzó la contienda como favorito del establishment republicano, desarrollando una campaña firme, pero nada espectacular, mientras que sus rivales a la derecha trepaban en las encuestas para luego estrellarse. La representante Michele Bachmann y el empresario Herman Cain ya se retiraron de la competencia. La ex gobernadora de Alaska Sarah Palin nunca se postuló. Gingrich y el gobernador de Texas Rick Perry persisten, pero han caído considerablemente en las preferencias.

Santorum, virtualmente descartado en la contienda hasta las Navidades, podría tener la mejor oportunidad de convertirse en la alternativa a Romney. Pero marcha bien a la zaga en dinero, organización y experiencia.

Existen varias explicaciones, ninguna de las cuales quizás va a satisfacer a las personas que quieren como presidente a un conservador de pura cepa.

La explicación más benigna es que los republicanos están tan determinados a derrotar al presidente Barack Obama que van a conformarse con un candidato moderado y respaldarle en las elecciones. De hecho, los sondeos republicanos muestran que la percibida "elegibilidad" de Romney es uno de sus puntos fuertes.

Tony Perkins, que asistió a la reunión en Texas como jefe del Consejo de Estudios de la Familia, dijo que los conservadores están pagando por su éxito al atraer demasiados aspirantes presidenciales.

Perkins dice que hay tantos candidatos que "eso está dividiendo los votos".

Pero Dan Schnur, un ex asesor de campañas y políticas de republicanos, dice que los activistas conservadores se ven superados tácticamente por los operativos más y tradicionales y pragmáticos del partido, que saben como realizar campañas. Éstos "están más establecidos y organizados".

El activista conservador Pat Buchanan y Steve Forbes, que proponía un impuesto de tasa única, se presentaron en 1996, pero el establishment del partido respaldó a Dole, un veterano senador de escaso carisma.

En el 2008, a muchos en la derecha republicana no les gustaba McCain, el senador de Arizona que abogaba por límites en as contribuciones financieras a campañas y rechazaba otras propuestas conservadores. Pero McCain fácilmente rebasó al ministro bautista y ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, que había ganado las asambleas partidistas en Iowa.

George W. Bush se presentó como un "conservador compasivo" en el 2000, aunque gobernó mucho más a la derecha, especialmente en asuntos militares.

Si hay un estado donde no sea bien visto el estilo moderado de Romney y su historial de respaldo al derecho al aborto y el control de armas, ese es Carolina del Sur.

Sin embargo, Romney parece gozar de una clara ventaja allí, contando incluso con el apoyo de una niña mimada del tea party, la gobernadora Nikki Haley. Haley enfatiza constantemente la necesidad de derrotar a Obama. Romney, le dice la gobernadora a los republicanos del estado, es al candidato apropiado para lograrlo.

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Charles Babington cubre asuntos políticos para The Associated Press.