El nobel de literatura 2010 Mario Vargas Llosa dijo hoy en Roma que, solo ahora que los latinoamericanos "empiezan resignarse a la realidad", empiezan a progresar, porque hasta ahora habían elegido la irrealidad "y trasladarla a la política -ha dicho- nos ha llevado al fracaso".

Vargas Losa (Arequipa, Perú, 1936) protagonizó el encuentro "Realidades Paralelas", celebrado en la sala del Mapamundi de la Cámara de los Diputados de Italia, que fue presentado por el presidente del hemiciclo, Gianfranco Fini.

El escritor hispanoperuano aseguró que la irrealidad en la que ha vivido Latinoamérica ha producido grandes frutos en el ámbito de la literatura, de la pintura y del arte en general, pero trasladada a la política ha resultado "un fracaso".

El autor de "Conversaciones en La Catedral" abordó la realidad paralela que genera la literatura.

"Los seres humanos estamos dotados de un atributo un tanto diabólico, tenemos una sola vida y, al mismo tiempo, la capacidad de imaginar muchas otras distintas, y no solo de imaginarlas, sino también de desearlas", refirió.

Para Vargas Llosa, la institución que hemos creado y que más se acerca a darnos "ese imposible, esas vidas que deseamos pero que no tenemos, es la literatura".

"La literatura -dijo- comenzó siendo oral, allí en el fondo de la historia, cuando nuestros antecesores vivían todavía en cavernas, muertos de miedo en un mundo donde todo parecía amenazarlos".

La literatura -subrayó el nobel- no es "sino la continuación de los primeros contadores de cuentos, los inventores de mitos y leyendas".

En la época moderna, los escritores, los cuentistas, los novelistas, los dramaturgos, siguen cumpliendo la misma función de los viejos contadores de cuentos y "crean una vida, una realidad paralela a la real que enriquece la existencia de los lectores y los hace adueñarse de experiencias que jamás vivirían en la realidad", prosiguió.

La literatura "ensancha extraordinariamente la experiencia de las personas, no llega a aplacar ese apetito de irrealidad que existe en la condición humana, pero, de alguna manera, los hace salir de sí mismos y ser otros, y los hace momentáneamente realizar ese imposible sin dejar de ser uno mismo", señaló el también premio cervantes.

Para Vargas Llosa, "nunca estamos satisfechos totalmente con la vida" y esa función de la literatura de hacernos soñar o hacernos vivir el sueño "tiene efectos en la vida práctica".

Los tiene y lo corrobora, según Vargas Llosa, un hecho que se ha dado en todas "las épocas prácticamente sin ninguna excepción: todos los regímenes políticos, religiosos, ideológicos que han aspirado a controlar la vida, de la cuna a la tumba, han visto la literatura con una gran desconfianza".

Desconfianza que es debida a que "quien se entrega a ese quehacer escribiendo o leyendo historias saca una primera conclusión, y es que la realidad está mal hecha, porque, si estuviera bien hecha, no necesitaríamos de esas ficciones para vivir".

Una sociedad profundamente impregnada de literatura es una sociedad inconforme con la vida tal cual es y a la que el poder "no puede hacer tragar la mentira de que la realidad está bien hecha", de ahí que la Inquisición, las dictaduras militares, sociales y religiosas hayan establecido sistemas de censura muy estrictos para la literatura, dijo.

Vargas Llosa sin embargo recalcó que "no hay que confundir la literatura con la vida", pues, si bien la primera es importante para mantener el espíritu rebelde, "tratar de vivir la irrealidad en el campo político solo ha traído violencia, guerras civiles y fracasos espantosos", espetó.

El autor de "La tía Julia y el escribidor" afirmó que en el campo de la política es preferible el realismo, mientras que en el campo de la literatura se puede elegir la irrealidad.