La estampa de carretas tiradas por burros o caballos, conocidas en Colombia como "zorras", está a punto de desaparecer en Bogotá por decreto, en medio de las protestas de los "zorreros", que se resisten a abandonar esta forma de vida porque de ella depende su sustento diario.

En pleno siglo XXI, Bogotá, con más de ocho millones de habitantes, un gran tráfico de vehículos e inmersa en un proceso de modernización, es una de las últimas capitales latinoamericanas en la que es habitual la convivencia de conductores y peatones con vehículos de tracción animal.

Son unas 2.500 las "zorras" que recorren diariamente esta gran urbe, según el censo de la Alcaldía de Bogotá, aunque otras fuentes apuntan a que podrían ser más, la mayoría destinadas al chatarreo, tal y como llaman los propios "zorreros" al reciclaje.

Y es que las carretas son en esencia el medio de subsistencia de centenares de familias, que ven, en la restricción del uso de estos vehículos, peligrar su futuro ya que no conocen otra forma de ganarse la vida.

Es el caso de las hermanas Balseros. La menor, María Elena, de 57 años, relató a Efe que regenta su carreta desde pequeña: "Yo llevo casi 55 años trabajando en la zorra con mi hermana y con mi prima".

Por eso, la demanda de los "zorreros" al Gobierno es que no aplique el decreto que está previsto entre en vigor a finales de este mes.

"Le pido al Gobierno que se compadezca de los recicladores colombianos y que nos deje seguir usando las carretas porque es así como mantenemos a nuestras familias", insistió también a Efe Flor Marina, hermana de María Elena.

Ambas residen en Ciudad Bolívar, una de las barriadas más pobres de Bogotá, donde se vieron afectadas por las recientes inundaciones que anegaron la capital y, según explicaron, les "tumbaron el rancho".

Como las hermanas Balseros, las carretas provienen normalmente de esos barrios del sur, pero es habitual cruzarse con ellas en las grandes vías bogotanas, como la céntrica y próspera Carrera Séptima, mezcladas entre una marea amarilla de taxis y una intensa humareda generada por los autobuses que esquivan como pueden a caballos y burros.

Una de las imágenes más curiosas se da en días de paro del transporte, cuando las "zorras" sustituyen a la chatarra por pasajeros, que no son otra cosa que bogotanos que recurren a este tipo de carruaje para poder llegar a sus lugares de trabajo.

El polémico decreto 1666 de 2010 fija la fecha del 31 de enero del presente año como el límite para que los grandes municipios del país busquen alternativas a las carretas, con el fin de acabar con una estampa que hace retroceder en el tiempo.

Pero a escasas dos semanas de la fecha fijada, la Alcaldía de Bogotá está pidiendo una prórroga de once meses al Gobierno Nacional, ya que no ha culminado aún la sustitución de las "zorras" por vehículos mecanizados, lo que sí ha ocurrido en Medellín, la segunda ciudad por importancia de Colombia.

Con la vista puesta en el 31 de enero, más de 200 "zorras" con sus correspondientes "conductores" se concentraron este lunes en la céntrica plaza de Bolívar de la capital colombiana para pedir al Gobierno que no aplique el decreto y los deje sin su medio de subsistencia.