Un total de 158 voluntarios estadounidenses del Cuerpo de Paz abandonaron el lunes Honduras, como parte de una decisión que también abarca a El Salvador y Guatemala por el peligro que la criminalidad representa en esos países.

La vocera de la embajada de Estados Unidos, Ledy Pacheco, dijo que la "salida se programó de acuerdo a las instrucciones provenientes de Washington, donde están las oficinales principales del Cuerpo de Paz".

El presidente hondureño Porfirio Lobo expresó en la víspera que "el Cuerpo de Paz ha cumplido su misión de voluntariado en distintas latitudes de Honduras y lamentablemente esos misioneros se han visto afectados en un gran porcentaje por los actos delincuenciales".

No obstante expresó que "mi gobierno trabaja en prevenir y sancionar el delito, por lo cual espero que próximamente el Cuerpo de Paz regrese para seguir colaborando con los hondureños".

En diciembre el director del Cuerpo de Paz, Aaron Williams, anunció en Washington el retiro de sus voluntarios de Honduras y la cancelación de entrenamientos en este país, El Salvador y Guatemala a causa de la rampante inseguridad.

Según dijo entonces Williams, los voluntarios que trabajan en Honduras regresarían a Estados Unidos en enero.

El director de la agencia canceló además el entrenamiento de nuevos voluntarios previsto para enero en los tres países centroamericanos porque "la seguridad de todos los miembros de los Cuerpos de Paz es la más alta prioridad de la agencia".

En El Salvador y Guatemala trabajan 113 y 222 voluntarios, respectivamente.

El programa opera en Honduras desde 1962, cuando lo estableció el presidente John F. Kennedy.

Los jóvenes del Cuerpo de Paz trabajan en comunidades rurales, capacitando a dueños de pequeños negocios, a las comunidades pobres en la dotación de agua potable o servicios de salud y en la construcción de escuelas públicas.

Según estadísticas oficiales, unos 5.750 voluntarios han trabajado en Honduras en 49 años de actividad del programa.

Un reporte reciente de Naciones Unidas señaló que Honduras y El Salvador tienen las tasas de homicidios más altas del mundo con 82,1 y 66 por cada 100.000 habitantes en 2010. En Guatemala la tasa es de 41,4 homicidios por cada 100.000 habitantes.