Cuando el príncipe Guillermo le dio a su flamante esposa, Catalina, un beso breve en el balcón del Palacio de Buckingham, la multitud presente quedó insatisfecha.

"¡Otro!", gritó a coro la muchedumbre reunida frente al palacio en Londres. Los recién casados accedieron y se lo dieron un poquito más largo para la aclamación y júbilo de todos los presentes.

Raros serán los besos de otros recién casados que estén sujetos a tanto escrutinio, pero deja una lección: A la gente le gusta ese acto y tiene opiniones definitivas sobre cómo debe realizarse.

Algunos quieren pasión, otros no. Otros quieren que sean teatrales y unos más, naturales, pero eso sí, todos quieren que sea sincero.

"Existen pensamientos divergentes sobre el beso", señaló Kristin Koch, directora del cibersitio de bodas TheKnot.com. "Algunas personas piensan que hay mucho público y no quieren hacer demasiado. Otros piensan que 'esta es la gran declaración de amor'"

A continuación algunos consejos para que el beso de los recién casados sea digno de júbilo y no de pena ajena:

CONVERSARLO

— Si la pareja conversa de todo, desde la boda hasta la lista de los invitados y los vestidos de las damas de honor, por qué no del tipo de beso que se quiera compartir e incluso si se lo quieren dar en público. Así las cosas saldrán con más naturalidad el gran día.

Chelsea Kopperud, de 26 años, prepara su boda para junio entrante en la localidad estadounidense de Rushford, Minnesota. Dijo que cuando se casaron sus padres, ambos se sentían incómodos de besarse delante de los presentes y esperaron para darse un beso atrás del templo.

Sin embargo, Kopperud y su prometido, Jeffrey O'Donnell, tienen pensado besarse al término de la ceremonia nupcial y ya se pusieron de acuerdo cómo será: elegante y cariñoso.

"Acordamos que no sea un beso rápido, queremos que sea algo más íntimo. Será nuestro primer beso como esposos", dijo Kopperud, coordinadora de contabilidad en una compañía de abastecimientos industriales. "Creo que durará cinco segundos".

PRACTICAR

— Parecería redundante porque la mayoría de las parejas ya se han besado demasiado. Pero no sobra la práctica, en especial si se hará una maniobra distinta a la que no se está habituado como el paso con el que el recién casado reclina a la esposa antes de darle el beso.

La estudiante de trabajo social Hope Bourgeault, de la Universidad de Wisconsin-Eau Claire, dice que se casará con su prometido, Jeff Betterman, en agosto y que practican el paso de la reclinación para no verse torpes.

"Imagino que si no practicamos él me va a soltar de los nervios o tal vez yo me doble hacia un lado y él crea que será para el otro; sería un total desastre", comentó Bourgeault, de 21 años.

O NO PRACTICAR

— Algunas personas insisten en que el beso sea natural y que se haga como se crea que es lo correcto en ese momento. La neoyorquina Andrea Fassacesia, quien se casará en abril, dijo que decidió con su prometido que sea "improvisado".

"Un beso ensayado se ve ensayado", dijo. "Debe ser natural, íntimo y romántico. Y aunque se haga ante numerosas personas, debe salir como lo sienta uno", aconsejó.

De acuerdo con una encuesta informal de The Knot, apenas un tercio de los 71 consultados dijo que tenía intención de practicar el beso. La mayoría — 61% — afirmó que realizarán el beso como le salga en el momento.

HACER LO QUE MEJOR ACOMODE

— Las parejas no deben realizar el movimiento de la reclinación de la novia ni otras acrobacias si no están seguros de que les saldrá bien.

Koch dijo que los prometidos sienten más presión que las prometidas en el asunto del beso, en virtud de que — según la tradición — el hombre debe tomar la iniciativa.

Para Koch, las parejas deben recordar que ya tienen suficientes nervios en el altar como para presionarse más con un beso de fantasía.

GUARDAR LA COMPOSTURA

— Casi todo mundo coincide en que son impropias las muestras de cariño exageradas con escenas de larga duración. Estas podrían parecer forzadas y hacer que los invitados no sepan qué hacer de la vergüenza. Hay que recordar el beso largo y sin gracia que Al Gore le dio a su esposa Mary Elizabet Aitcheson en la Convención Nacional Demócrata de 2000.

"Que las parejas se diviertan, que sean sinceras, pero una gran escenificación o un beso de lengua no es apropiado, en especial si andan por ahí los abuelos", advirtió Koch.