El bogotano Sebastián Cáqueza cortó una oreja y fue el triunfador de la novillada que dio inicio a la temporada taurina en Bogotá, un festejo accidentado en el que se lidió un encierro mal presentado de la ganadería de Cenicientos, inferior a la categoría de la primera plaza del continente.

Cáqueza cortó la oreja en el mejor novillo del encierro, el tercero. Un ejemplar muy bien hecho que se movió con nobleza y con el que el joven novillero ligó pases que tenían buenas intenciones pero con poca calidad.

Su virtud fue la de entender el instinto del animal y acompañar las embestidas, aunque no siempre con la mayor templanza. Mató de forma breve y eso motivó a la petición de trofeo.

Con la media llave de la puerta grande en sus manos, Cáqueza vio frustrado su objetivo porque el sexto, el mejor presentado y de perfectas hechuras, se lesionó en el ruedo.

La misma suerte del sobrero, que también se partió una mano. Éste se devolvió a los corrales para evitar espectáculos vergonzantes y culminó la tarde.

Juan Viriato poco pudo hacer ante un lote muy complejo y con malas embestidas. Sólo se pudo apreciar su buena colocación y una disposición que no tuvo respuesta en los dos oponentes que le correspondieron.

Tuvo mérito el quedarse en un lugar comprometido con el cuarto, un jabonero que no tenía recorrido y que se quedaba corto debajo de la muleta.

Luis Miguel Castrillón demostró en el primer ruedo de Colombia que tiene hechuras de torero, y que todo lo que hace e intenta hacer en la arena tiene ese parlamento, el de la torería.

Su primero, se inutilizó en el ruedo, por lo que salió un feo castaño, grande y ofensivo, pero que estaba abandonado por la casta. Manso y acobardado, se refugió en tablas, sin ninguna opción para el toreo que intenta interpretar el matador antioqueño.

Su segundo, quinto de la tarde, era un jabonero de hechuras poco armónicas que se movió sin clase, con vulgaridad, y con esas condiciones, Castrillón defendió su concepto pero fue desbordado por el animal.

Aunque consiguió una gran serie de muletazos, muy toreros, por el pitón derecho, a su labor le faltó contundencia y deambuló sin argumentos para resolver las complicaciones.

Lo más destacable de la tarde lo protagonizaron las cuadrillas. Los picadores Luis Viloria, Rafael Torres y Clovis Velásquez dieron una lección en la suerte de varas, mientras que James Peña lidió a la perfección al segundo de la tarde.

Ficha:

Bogotá, 14 de enero en la plaza de toros de Santamaría

Novillada de abono

Media plaza

Se lidiaron seis toros de Cenicientos, dos de ellos como sobreros que sustituyeron a segundo y sexto. Mal presentados y con poco juego, salvo el muy buen novillo lidiado en tercer lugar, premiado con justicia con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Juan Viriato, silencio y saludo desde el tercio.

Luis Miguel Castrillón, silencio y silencio.

Sebastián Cáqueza, una oreja en el único que lidió.