El principal jefe militar estadounidense sostendrá en la semana conversaciones en Israel, dijeron el domingo autoridades locales, mientras preocupa a Washington que las fuerzas armadas israelíes puedan estar preparando un ataque contra Irán debido al programa nuclear de Teherán.

El Ministerio de Defensa israelí confirmó que el jueves llegará el general del ejército Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos.

El ministerio no precisó el programa de las conversaciones entre Dempsey y las autoridades israelíes, pero se cree que Irán sea la prioridad.

Israel considera a Irán una amenaza para su existencia, si es que Teherán logra tener armas nucleares ante los avances de Teherán en el ámbito de la energía atómica y la tecnología de misiles.

Otros factores que preocupan a Israel son lo que describe como el apoyo de Irán a activistas antiisraelíes en Líbano y Gaza, y las frecuentes referencias del presidente iraní en cuanto a la destrucción del Estado israelí como país.

Israel ha dejado entrever en diversas ocasiones que podría emprender acciones militares si fracasan las sanciones internacionales para frenar el desarrollo nuclear de Irán.

Estados Unidos, Israel y otras naciones occidentales creen que Irán busca el desarrollo de armas atómicas, pero Teherán insiste en que su programa nuclear tiene fines pacíficos.

La visita de Dempsey será la primera que efectúe a Israel desde que asumió el 30 de septiembre la jefatura del Estado Mayor Conjunto. Su predecesor, el almirante Mike Mullen, efectuó diversas visitas a Israel durante los cuatro años que estuvo en el cargo.

El jueves pasado, el presidente Barack Obama y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu examinaron en conversación telefónica la situación sobre Irán.

El gobierno de Obama está preocupado de que el anuncio reciente de Irán de que ha decidido ampliar sus operaciones nucleares con equipo más moderno pueda provocar un ataque israelí.

Estados Unidos mantiene confianza en que las presiones internacionales disuadan a Teherán, pero el régimen islámico no muestra señales de disposición a renunciar a un proyecto que se ha convertido en piedra angular del orgullo nacional iraní.