El papa Benedicto XVI bautizó hoy en la Capilla Sixtina del Vaticano a dieciséis niños, en un acto tradicional con el que se conmemora el día del Bautismo del Señor y que supone la última celebración de la Navidad católica.

El Pontífice, como viene haciendo desde 2008, volvió a pronunciar su homilía en un trono colocado en una de las paredes laterales de la capilla, lo que, según el Vaticano, se hace para no tapar los frescos del "Juicio Final" del genio renacentista Miguel Ángel Buonarroti.

"Vosotros, padres, habéis pensado en el Bautismo antes de que vuestro hijo o hija viniera al mundo (...) Podemos decir que esta ha sido vuestra primera elección educativa como testigos de la fe hacia vuestros hijos", dijo el papa, que hasta 2008 usaba un altar móvil que se colocaba delante de la pared frontal de la capilla como hacía su antecesor, Juan Pablo II.

"Educar es una tarea laboriosa, en ocasiones es ardua para nuestras capacidades humanas, siempre limitadas. Pero educar se convierte en una misión maravillosa si se cumple en colaboración con Dios, que es el primer y verdadero educador de todo hombre", agregó.

En el marco de la capilla que acoge los cónclaves para elegir a los papas, Benedicto XVI aseguró que los adultos son los primeros que tienen que "alimentarse de las fuentes" de salvación, que son la palabra de Dios y los sacramentos, para poder así "guiar a los más jóvenes en su crecimiento".

"Los padres no son la fuente, como tampoco nosotros sacerdotes somos la fuente: somos más bien como canales, a través de los que tiene que pasar la linfa vital del amor de Dios. Si nos alejamos de la fuente, nosotros mismos en primer lugar lo acusamos negativamente y ya no estamos en disposición de educar a los demás", afirmó el papa.

El pontífice indicó asimismo que el "verdadero educador" no ata a las personas consigo, "no es posesivo", sino que quiere que su hijo o discípulo "aprenda a conocer la verdad y establezca con ella una relación personal".

"El educador cumple su deber hasta el final -apuntó-. No escatima su presencia atenta y fiel, pero su objetivo es que aquel que se está educando escuche a la voz de la verdad hablar a su corazón y la siga en un camino personal".

Según el papa, el rezo es la primera condición para poder educar, porque permite escuchar las "inspiraciones de Dios" y, junto a los sacramentos, ofrece esa "luz de verdad" por la que el educador puede ser a la vez "tierno y fuerte, usar dulzura y firmeza, callar y hablar en el momento adecuado, reñir y corregir del modo adecuado".