Un atacante suicida hizo estallar un coche bomba el lunes en un retén policial de un camino que conduce al Ministerio del Interior de Irak, matando a siete personas y dejando 32 heridas, informaron las autoridades.

El ataque ocurrió después de una serie de atentados explosivos la semana pasada que mataron a 70 personas en un solo día, incrementando los temores por el futuro del país después del retiro de los soldados estadounidenses este mes.

Dos policías dijeron que el atacante detonó su carga durante la hora punta de la mañana. Destruyó una de las muchas barreras de seguridad colocadas alrededor del edificio del ministerio. Cinco policías están entre los muertos. Dos médicos en hospitales cercanos confirmaron la cifra de muertos.

"Primero oí una explosión muy fuerte y luego vi una bola de fuego", dijo Mustafa Mohamed, un empleado en el cercano Ministerio del Petróleo, que viajaba en un autobús con otros empleados cuando estalló el coche bomba.

"El autobús se detuvo y bajamos inmediatamente. Toda la zona estaba envuelta por el humo. Los cuerpos de los heridos y los muertos estaban tirados en el suelo", dijo Mohamed, de 42 años.

También el lunes, una bomba estalló al paso de una patrulla militar que pasaba por el área de Abu Ghraib, al oeste de Bagdad, matando a dos soldados e hiriendo a otras dos personas, dijeron un policía y un médico.

Ambos hablaron bajo la condición de no ser identificados porque no estaban autorizados a dar información.

Nadie se atribuyó la responsabilidad de ambos atentados, pero a menudo los ataques suicidas son obra de la red terrorista al-Qaida.

Estados Unidos y algunos funcionarios iraquíes habían advertido de un resurgimiento de los extremistas suníes y chiíes y de un aumento de la violencia después de la retirada total de los soldados estadounidenses.

Otro de los problemas de Irak es un aumento de la tensión política derivada de un enfrentamiento entre el primer ministro chií, Nuri al-Maliki, y el máximo líder político suní en el país.

El gobierno de al-Maliki ha emitido una orden de arresto contra el vicepresidente suní, Tariq al-Hashemi, por cargos de que dirigió escuadrones de la muerte contra funcionarios del gobierno. Al-Hashemi ha negado las acusaciones y sostiene que están motivadas políticamente.