Ataques terroristas perpetrados por una secta extremista musulmana mataron a por lo menos 39 personas el domingo, la mayoría en la escalinata de una iglesia católica luego de la misa de Navidad, caídos sobre charcos de sangre y polvo tras una tremenda explosión.

Las autoridades reconocieron que carecían de personal de emergencias para atender a los heridos en la iglesia católica de Santa Teresa en Madalla, cerca de la capital. En otros hechos de violencia, una bomba explotó y se escucharon disparos en la ciudad de Jos, en el centro del país, y un atacante suicida detonó su auto en una instalación militar del noreste.

Aparentemente, se trató de asaltos coordinados, perpetrados por la secta conocida como Boko Haram.

En Washington, La Casa Blanca condenó el "absurdo" ataque y ofreció sus condolencias al pueblo nigeriano, especialmente a las familias de las víctimas fatales.

El gobierno estadounidense dijo también que sus funcionarios le ofrecieron a sus contrapartes nigerianas apoyo para llevar a los responsables ante la justicia. El presidente Barack Obama estuvo al tanto de los hechos en Hawai, donde vacaciona con su familia.

El secretario de Naciones Unidas Ban Ki-Moon hizo un llamado, mediante un comunicado, a ponerle fin a la violencia sectaria en el país.

La violencia navideña, denunciada por gobernantes del mundo y el Vaticano, pone de relieve la amenaza de insurrección por parte de Boko Haram contra el débil gobierno central. A pesar de ataques paramilitares contra la secta, parecería que la nación más poblada de Africa, rica en petróleo, es incapaz de hacer frente a la amenaza.

La primera explosión, que se produjo en la iglesia católica de Santa Teresa poco después de las 8 de la mañana, causó 35 muertos y 52 heridos, dijo Slaku Luguard, coordinador de la Agencia Nacional de Manejo de Emergencias.

La agencia por medio de mensajes de texto pidió ayuda a los periodistas para llamar a las ambulancias.

Aunque miles de millones de dólares llegan al presupuesto nacional cada año, la agencia de Luguard sólo podría enviar mensajes de texto a periodistas.

Los heridos yacían sobre el piso de cemento de un hospital público vecino, e imágenes de la televisión los mostraba llorando en charcos de su propia sangre. Los cadáveres estaban tendidos en una morgue al aire libre.

El ataque y la respuesta demorada provocaron la furia de los que se encontraban alrededor de la iglesia, que al principio impidieron la acción de los rescatistas, hasta que llegaron soldados.

"Tratamos de calmar la situación", dijo Luguard. "Hay algunas personas enojadas tratando de causar problemas".

En Jos, otra explosión se produjo cerca de la iglesia Montaña de Fuego y Milagros, dijo el vocero oficial Pam Ayuba. Añadió que más tarde, varios pistoleros abrieron fuego y mataron a un agente de policía que estaba de custodia. La policía halló y desarmó dos explosivos de fabricación casera.

Hacia el mediodía varias explosiones remecieron Damaturu, capital del estado de Yobe, donde enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y la secta habían matado a por lo menos 61 personas en los últimos días.

El domingo, un suicida detonó su auto cargado de explosivos en la sede local del Servicio de Seguridad del Estado, la policía secreta nigeriana, con un saldo de al menos tres muertos. Un comandante militar, blanco aparente del ataque, sobrevivió, dijo el SSE en un comunicado.

Después de los ataques, un vocero de Boko Haram que se identificó con el seudónimo de Abul-Qaqa, atribuyó los ataques a la secta en una entrevista con The Daily Trust, el periódico más influyente del norte de Nigeria.

Boko Haram ha multiplicado los ataques en su campaña para imponer la sharia, o derecho islámico, en toda Nigeria, una nación multiétnica de 160 millones de habitantes. El grupo, cuyo nombre significa "la educación occidental es sacrilegio" en el idioma local hausa, es responsable de 504 muertes en lo que va del año, según el recuento de la Associated Press.

Este ataque navideño se dio un año después de una serie de explosiones en Jos durante la Nochebuena cuya autoría fue asumida por los milicianos y dejó al menos 32 muertos y 74 heridos. El grupo también reclama la autoría de las bombas que explotaron en las oficinas de la ONU en la capital nigeriana Abuja, que dejó 24 muertos y otros 116 heridos.