"Querida hija, por fin puedo comunicarme con vos, ahora tengo un lugar donde encontrarte: Asteroide 11441, entre Marte y Júpiter".

Con estas palabras, Zaida Franz comienza la carta abierta que le escribió a su hija Ana Teresa Diego, una estudiante de astronomía desaparecida durante la última dictadura militar argentina (1976-1983), luego de que la Unión Astronómica Internacional (UAI) le comunicara a principios de este mes que un asteroide llevaría su nombre.

"Anadiego" es el primer asteroide bautizado con el nombre de una desaparecida.

"Me pareció que era meritorio que una estudiante que había querido ser astrónoma y había luchado por sus ideales, tuviera un asteroide con su nombre", declaró a la Associated Press el decano de la Facultad de Astronomía de La Plata, Adrián Brunini, que fue quien presentó en septiembre un pedido formal a la UAI para que un asteroide llevara el nombre de la única estudiante desaparecida de esa casa de estudios.

Gestos pequeños como este ayudan a Franz y a la mayoría de los familiares de las miles de víctimas del régimen militar a sobrellevar el duelo sin tener un cuerpo para enterrar.

"Sentí que se llenó un vacío que se originó el día que me enteré de la desaparición de mi hija", declaró Franz, quien lleva 35 años buscando a Ana. "Jamás supe dónde está el cuerpo de Ana, ahora sé que ella está en el asteroide que lleva su nombre, no sólo ella sino todos los desaparecidos".

Hasta el momento el Equipo Argentino de Antropología Forense ha recuperado e identificado apenas 510 cuerpos de las miles de victimas de la represión ilegal. La mayoría de los 13.000 muertos reconocidos oficialmente todavía quedan desaparecidos. Los organismos de derechos humanos hablan de 30.000 en total.

Los asteroides son escombros de las formaciones del sistema solar. Este en particular fue descubierto en 1975 por el astrónomo argentino Mario Cesco y se ubica en el Cinturón Principal (entre Marte y Júpiter). Orbita al sol en un período de 4,1 años.

Diego "fue una formidable estudiante en el Observatorio Astronómico de La Plata en la década de 1970. También fue una persona con un fuerte compromiso social quien dio su vida en defensa de la libertad", indicó la resolución del comité de designación de cuerpos menores (Committee on Small Body Nomenclature en inglés) de la Unión Astronómica Internacional.

La muchacha, de 22 años, había ganado una beca para estudiar astronomía en Europa, pero prefirió hacerlo en la Universidad Nacional de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Repartía su tiempo entre los estudios y la militancia política en las filas del Partido Comunista. La tarde del 30 de septiembre de 1976 fue secuestrada a la salida de la biblioteca universitaria. Nunca más se supo de ella.

La propuesta de Brunini fue sometida a consideración del comité de nomenclatura de cuerpos menores integrado por diez miembros permanentes de Estados Unidos, Alemania, Japón, China, Rusia, Nueva Zelanda y Uruguay, y otros cinco de países designados para el trienio 2009-2012.

Pese a que su reglamento prohibe dar nombres con contenido político referentes a personas o eventos de los últimos 100 años, en el caso de derechos humanos ha habido excepciones: asteroides llevan nombres de disidentes alemanes contra el régimen nazi e incluso uno se llama "Madresplazamayo", en honor a esa organización fundada por las madres de los desaparecidos en Argentina.

"No era una elección arbitraria de uno entre las decenas de miles de desaparecidos que hubo. Parecía natural que los astrónomos plantearan un homenaje a alguien de su comunidad científica", explicó a AP el astrónomo uruguayo Julio Angel Fernández, el único representante latinoamericano del comité.

La propuesta de bautizar un asteroide con el nombre de Ana ocurre en momentos en que la reivindicación de las víctimas de la dictadura, el juzgamiento a los acusados por crímenes de lesa humanidad y la renovación de las Fuerzas Armadas son considerados ejes centrales de la política gubernamental.

La propia presidenta Cristina Fernández, quien estudió abogacía en La Plata en los convulsionados años 70, se refirió al asteroide con el nombre de Ana Diego en el discurso que pronunció ante el Congreso al iniciar un segundo período en diciembre.

"A lo mejor esta joven podría haber estado sentada en este mismo lugar en donde estoy sentada yo", dijo la mandataria antes de reclamarle a la justicia que acelere los juicios contra los represores "para dar vuelta definitivamente una página tan trágica de nuestra historia".

En La Plata se respiraba como en ninguna otra ciudad el espíritu idealista y el compromiso militante de los jóvenes en la década de 1970, por lo que no extraña que las fuerzas armadas concentraran allí su accionar represivo.

Diego militaba en la rama universitaria de la Federación Juvenil Comunista. Participaba de asambleas y solía pintar consignas en las paredes o difundir ideas, panfletos y prensa partidaria en barrios humildes. El PC argentino no promovía la violencia y familiares y amigos de la estudiante aseguran que nunca participó en acciones armadas ni estuvo involucrada en actividades terroristas.

"A las dos nos gustaban las matemáticas y la física, aunque no hablábamos mucho de astronomía. Mas bien, cuando no hablábamos de política o de la difícil situación por las desapariciones y asesinatos de amigos y compañeros, hablábamos de nuestras familias. Ana admiraba mucho a su padre, un matemático que falleció en 1975", recordó Cármen Núñez, compañera de estudios y militancia de Diego.

"El día que la secuestraron salimos juntas del observatorio ... Ana recordó que se había olvidado de entregar un trabajo práctico a un profesor y decidió volver. Yo fui a una reunión en la Facultad de Ciencias Exactas, y no había pasado más de media hora cuando llegó alguien corriendo y contó que se la habían llevado a Ana en un auto sin patente. No volvimos a verla".

Según el testimonio de sobrevivientes, la joven habría sido llevada a un centro clandestino de detención y torturada para forzarla a delatar a otros compañeros de militancia.

Según la justicia, la mayoría de las víctimas de estos secuestros murieron ejecutadas o cuando eran torturadas y fueron enterradas como NN en cementerios públicos de todo el país y en fosas comunes de áreas militares o policiales, como las descubiertas la semana pasada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en un arsenal del ejército de la norteña provincia de Tucumán. Allí aparecieron restos óseos calcinados y con marcas de proyectiles de arma de fuego.

Los victimarios también arrojaban a los disidentes sedados desde aviones al Río de la Plata. La prueba más contundente de esta práctica tenebrosa, conocida como los "vuelos de la muerte", la aportó días atrás a la justicia la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): un archivo recientemente desclasificado con más de un centenar de fotografías de cuerpos con signos de tortura hallados en la costa de Uruguay en la década de 1970.

Fue la primera vez en su historia que la CIDH entregó uno de sus archivos confidenciales a la justicia en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad.

"Cierro los ojos y te veo como una lucecita en el asteroide junto a todos los desaparecidos que nos miran y saludan sonrientes", expresó la madre de Diego, quien puso como sitio de residencia Villa Ventana, Planeta Tierra. "Los siento que están bien, alegres, esperando y confiados en que esta humanidad va encontrar el camino de vivir en paz, solidaridad y armonía. Seguramente te llegarán mis cartas y la de otros familiares de compañeros tuyos, porque ahora todos tenemos un destino donde hacerlo".