Varios miles de egipcios se manifestaron el viernes en la plaza Tahrir de El Cairo para denunciar la violencia contra los inconformes, indignados por las imágenes de mujeres arrastradas por el cabello, golpeadas y pateadas por soldados.

La protesta sucede tras una semana de choques letales cerca de la plaza entre manifestantes y los militares, los cuales asumieron el poder después que una sublevación popular derrocó al presidente Hosni Mubarak en febrero. Diecisiete manifestantes murieron esta semana.

Los hechos de violencia de la semana pasada se generaron cuando los efectivos militares que protegen el edificio del gabinete cerca de la plaza intentaron desalojar por la fuerza un campamento que llevaba tres semanas instalado allí para exigir que los generales en el gobierno cedan el poder a una autoridad civil.

Durante los choques, ambas partes lanzaron bombas incendiarias y varios edificios se quemaron. Un centro de investigación creado por Napoleón Bonaparte durante la invasión francesa de Egipto a fines del siglo XVIII sufrió graves daños.

Al menos 100 personas han muerto en ese tipo de enfrentamientos y en violencia sectaria desde que los militares asumieron el poder.

La protesta del viernes, bajo la consigna "recuperar el honor y defender la revolución", fue respaldada por más de dos decenas de grupos, entre ellos partidos políticos recién formados nacidos a partir de la sublevación.

Un clérigo no identificado que pronunció el sermón del viernes en la plaza Tahrir culpó a los militares de las divisiones, y exhortó a los generales a dejar el poder como la única solución para poner fin a la "dictadura".

Por otra parte, en un tono más conciliador en su sermón en la mezquita de Al-Azhar, la principal de El Cairo, el jeque Nasr Farid Wasil dijo que "el perdón del islam pide paz entre las (fuerzas de) seguridad y el pueblo".

Tras las oraciones del viernes, los fieles se dirigieron a la plaza Tahrir para unirse al mítin.