La presidenta Dilma Rousseff aseguró el miércoles que Brasil vivirá un año de 2012 de prosperidad, a contramano de los países desarrollados que no consiguen salir de la crisis financiera que los agobia.

No obstante, la gobernante admitió que el país tendrá que trabajar para que el año entrante sea mejor que el actual.

"Esta presidenta tiene certeza de que tendremos en 2012 un año próspero", declaró Rousseff en una ceremonia de lanzamiento de un programa de saneamiento básico. Para eso "es fundamental que tengamos dos actitudes, primero, trabajo, trabajo y trabajo para hacer que año que viene sea próspero, pero también aquel optimismo que nos hace superar las dificultades".

Agregó que "nuestro país tiene todas las condiciones para ir contra la corriente y, en vez de tener un 2012 muy malo como veremos en varios países, el nuestro será mucho mejor que 2011. Esa es la certeza que yo quería compartir con ustedes".

Su manifestación se produjo un día después de que el presidente del Banco Central, Alexandre Tombini, declarara que el país sudamericano tendrá en 2012 un crecimiento económico superior al proyectado para 2011, aunque no precisó cuánto.

El gobierno había anticipado un crecimiento de 4% para este año, aunque algunos economistas han señalado que podría ser de 3,5%. En 2010 la expansión del producto interno bruto fue de 7,5%.

Pese al optimismo manifestado por las autoridades brasileñas, el país ha sentido los efectos de la crisis global, que provocó un crecimiento nulo (0 en el tercer trimestre de este año.