Las escenas de congoja masiva que provienen de Corea del Norte — gente que cae al piso llorando y gritos de angustia en multitudes consternadas — lucen forzadas.

Más que puro teatro, el pesar en masa por la muerte del dictador Kim Jong Il parece responder al impulso de una combinación de fuerzas. La sensación de abandono y el temor por un futuro incierto — las mismas emociones que muchos sienten ante la muerte de un familiar o amigo cercano — se vuelven contagiosos en las multitudes.

A eso se suman los peligros de ir contra la corriente en un estado policial e incluso los intereses propios, ya que muchos norcoreanos laboran para el Partido de los Trabajadores, las fuerzas armadas o en compañías e instituciones del estado.

Cuando el padre de Kim, el fundador de Corea del Norte, Kim Il Sung, murió en 1994, el duelo resultó contagioso para Kim Yeong-nam, que desertó del país en 1998 y ahora vive en Corea del Sur, donde dirige una compañía teatral junto con otros desertores.

Kim, sin parentesco con los líderes del país, dijo que sus compañeros universitarios en la ciudad de Sinuiju cerca de la frontera con China lloraron espontáneamente al enterarse de la noticia del fallecimiento del dictador. En los días que siguieron, Kim se percató de que la música solemne y los panegíricos en los eventos organizados en monumentos accesibles al público lo hicieron llorar, a pesar de que el fundador del país no le era una figura grata.

"Interpretan canciones y hacen todo lo que pueden para crear un estado de ánimo sombrío", señaló.

En la pobreza y en gran medida aislados de la información extranjera, los norcoreanos viven su pena en un ambiente que es en parte un duelo familiar y en parte coerción. Las presiones para formar parte de un grupo, que existen en todas las sociedades, resultan especialmente intensas cuando los costos por resistirse a ellas son duros. Sus rígidos controles sobre la vida diaria hacen que el duelo en Corea del Norte sea distinto en intensidad, pero difícilmente una excepción.

Millones de egipcios atestaron las calles de El Cairo, y gran cantidad de ellos murieron aplastados, para el funeral del presidente Gamal Abdel Nasser en 1970 incluso a pesar de que su represión autoritaria generó inestabilidad en el país. Las comunidades palestinas emiten gritos de angustia y rabia en respuesta a las letales redadas israelíes. Gran parte de Gran Bretaña, y del mundo, se sumió en el dolor tras la muerte de la princesa Diana en un accidente automovilístico en 1997, a pesar de que su vida había sido la comidilla de los diarios sensacionalistas durante años.

Es el efecto de arrastre: una poderosa urgencia de pertenecer a un grupo que impulsa a la gente a comportarse de formas en las que usualmente no lo haría.

"El duelo, como la risa, es contagioso en una red social", dijo Scott Atran, antropólogo estadounidense que estudia la psicología de los grupos en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

"La gente suele creer que es ligeramente excepcional a la norma. Pero si quieren formar parte del grupo, exageran y se van hacia el extremo de lo que creen es la norma", dijo Atran.

Las presiones de pertenecer a un grupo están acentuadas en Corea del Norte. Su gobierno define rígidamente las normas sociales y muestra al líder como un padre protector que mantiene segura a la nación y a cambio merece una obediencia total. El mensaje es inculcado a través de un control absoluto del plan de estudios escolar y de los medios de comunicación.

"A los norcoreanos que se negaron a seguir el culto a la personalidad de Kim Jong Il les han ocurrido cosas malas. Una vez que uno adquiere el hábito de cumplir con las normas del culto, no es fácil detenerse repentinamente", dijo en un correo electrónico Clark McCauley, profesor de psicología en el Bryn Mawr College.

Incluso las víctimas de persecuciones, señaló, a veces llegan a considerar a su líder como un gran hombre, sin importar el sufrimiento que padezcan.

___

El reportero Sam Kim de The Associated Press en Seúl y el investigador Zhao Liang en Beijing contribuyeron con este despacho.