New Haven, una ciudad ya es conocida como un refugio para personas de otros países, está intensificando su acogida a los recién llegados, pues su alcalde pretende ampliar los derechos de voto a los inmigrantes que viven ilegalmente en el país y a otros no ciudadanos, un reto político que se produce poco después de ataques de los aspirantes republicanos a la presidencia contra las "ciudades santuario".

El alcalde demócrata, John DeStefano, ayudó a los inmigrantes sin permiso de residencia en el país a salir de las sombras hace cuatro años, cuando lanzó un innovador programa para darles tarjetas de residente de la ciudad. A pesar de las medidas contra la inmigración ilegal adoptadas en otras partes, él ha seguido adelante con propuestas que, asegura, están diseñadas para hallar puntos en común en una ciudad diversa.

"Somos un lugar de diferencias", dijo. "Somos un lugar que considera como una fortaleza, y valora, acoger a personas de todo el mundo".

Decenas de ciudades estadounidenses, incluidas Nueva York, San Francisco y Cambridge, Massachusetts, adoptan un enfoque de no intervención en lo que respecta a los inmigrantes sin permiso legal. Aunque sus defensores dicen que se distancian acertadamente de un fallido sistema de inmigración, los críticos las acusan de desobedecer la ley federal como "ciudades santuario", una etiqueta que no todas aceptan.

El aspirante presidencial republicano Newt Gingrich se ha comprometido a recortar la financiación federal para ese tipo de ciudades. Uno de sus rivales, el gobernador de Texas Rick Perry, impulsó un proyecto de ley este año que hubiera prohibido a las ciudades actuar como "santuarios" para inmigrantes y permitido a la policía local involucrarse en la aplicación de leyes de inmigración. Mitt Romney ha dicho que él se opuso a las ciudades santuario como gobernador de Massachusetts y que, como presidente, "encontraría el enfoque adecuado" para terminar con ellas si es legalmente posible.

El presidente Barack Obama se ha resistido a los llamamientos de algunos republicanos para acabar con las ciudades santuario. Como candidato demócrata en el 2007, dijo que el gobierno estadounidense debe abordar el problema proporcionando un sistema de inmigración racional, en lugar de quitarle los fondos a las ciudades que acogen a los extranjeros que carecen de la ciudadanía.

Más de 70 ciudades y estados en el país prohíben a la policía pedir a los residentes que no han sido detenidos probar su estatus migratorio legal, según el Centro de Política de Inmigración, una organización no partidista de investigación. Para varias, incluyendo New Haven, el objetivo es hacer que los inmigrantes se sientan cómodos al acudir a la policía para pedir ayuda.

Estas políticas, sin embargo, no impiden que la policía estatal o local reporte a los criminales extranjeros al Departamento de Seguridad Nacional.

New Haven, hogar de la Universidad de Yale, es una ciudad portuaria de 125.000 habitantes con una historia de aceptación de políticas liberales y cambios sociales.

Tiene, según cálculos, entre 10.000 y 12.000 inmigrantes que se encuentran en el país sin autorización legal, reubica a unos 200 refugiados al año y alberga a unos 2.000 extranjeros sin ciudadanía por cuenta de Yale.

DeStefano prohibió hace mucho tiempo a la policía preguntar a las personas sobre su estatus migratorio. Además de su compromiso para buscar una acción legislativa que permita votar a los inmigrantes sin autorización —una propuesta que muchos, incluyendo al gobernador demócrata Dannel P. Malloy, consideran poco realista— el alcalde se pronunció la semana pasada en contra de un programa de control de inmigración federal, Comunidades Seguras, que utiliza las huellas dactilares recogidas en las cárceles locales para identificar a los inmigrantes sin permiso que han sido arrestados.

DeStefano restó importancia a los ataques republicanos al considerarlos irrelevantes para su ciudad, e insinuó que sus críticos usan a los inmigrantes como chivos expiatorios en medio una economía débil.

DeStefano sostiene que los no ciudadanos, incluidos los inmigrantes sin autorización, ya trabajan y pagan impuestos en la ciudad y que permitirles votar en las elecciones municipales los animaría a participar más en la comunidad. De acuerdo con su oficina, unos 24 estados han tenido una legislación similar y muchas ciudades y pueblos les permiten votar en las elecciones locales, pero el secretario de estado dijo que en Connecticut eso requeriría una enmienda a la constitución estatal.

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