El presidente del Congo, Joseph Kabila, fue juramentado el martes para otro mandato con la promesa de unificar al país más grande de la Africa subsahariana luego de unas elecciones criticadas por observadores internacionales.

En tanto, el principal candidato de la oposición en el Congo planeó su propia toma de posesión, en una decisión que podría desatar un caos político en el país.

La corte suprema ratificó la semana pasada la victoria del actual presidente Kabila, que ha estado en el poder más de una década. No obstante, el opositor Etienne Tshisekedi, que terminó en el segundo lugar, insistió el domingo en que era el mandatario democráticamente elegido y que prestaría juramente al cargo en el transcurso de la semana.

El ejército colocó tanques en las calles de la capital, Kinshasa, antes de la ceremonia del martes entre el temor de agitación si Tshisekedi le ordenaba a sus seguidores que protestasen.

Kabila pronunció un mensaje de unidad nacional, y se describió como el presidente de los todos los congoleños al tiempo que prometió crear más empleo en su próximo mandato de cinco años. El Congo es un país rico en minerales, que sin embargo ha sufrido décadas de dictadura y guerra civil.

"Quiero tranquilizar aquí a todos lo que no convencí para que votaran por mí. Los invito a creer en mi determinación de ser verdaderamente el garante de la nación congoleña en toda su diversidad", dijo.

Las elecciones de noviembre estuvieron plagadas de irregularidades, incluso denunciadas por observadores internacionales y por Estados Unidos.

Tshisekedi anunció el domingo en una conferencia de prensa en su residencia que era el "presidente electo" y que el gobierno de Kabila "queda destituido a partir de hoy".

El portavoz del gobierno Lambert Mende dijo que no iba a comentar sobre las declaraciones de Tshisekedi.