En una mañana de febrero, el entonces profesor Alí Tarhuni, de la escuela de negocios en la Universidad de Washington, le dio a sus alumnos de microeconomía una noticia extraordinaria: Dejaría de enseñar para pelear en la revolución de Libia.

El martes regresó a la universidad para realizar una visita breve tras una ausencia de 10 meses en la que fue ministro de petróleo y de finanzas en el gobierno de transición, tomó la mano de un niño agonizante de 10 años y tuvo la amarga experiencia de estar junto al maltrecho cuerpo de Moamar Gadafi.

"En este momento hace un año, yo estaba pensando a cuál cafetería ir para pedir una buena taza de café", recordó Tarhuni en una conferencia de prensa. "He visto mucha muerte en estos nueve meses. ... Uno ve mucho valor, mucho dolor, mucho orgullo".

Tarhuni, de 60 años, fue exiliado de Libia en la década de 1970 cuando junto con otros estudiantes exigían más democracia y reformas. Les había contado a sus estudiantes que estuvo tres décadas en la lista de Gadafi con las personas a eliminar.

Mientras estudiaba y enseñaba en universidades estadounidenses, siguió insistiendo por mayores libertades en Libia, sin éxito, y cuando finalmente estalló la revolución, dijo, su esposa e hijos sabían que iría.

Tarhuni pronto se encontró al frente de los ministerios de petróleo y de finanzas en el gobierno de transición, con el apoyo de los rebeldes enterados de que sus méritos les aportarían legitimidad en Occidente. Se ganó también la confianza de los periodistas por hablar honestamente de las dificultades y la desorganización de los rebeldes en esos días tumultuosos, y se erigió en una de las figuras más visibles e internacionalmente respetadas en el gobierno provisional.

Sin embargo, declinó seguir en el gobierno y criticó a las nuevas autoridades de Libia por considerar que no representaban al pueblo. Consideró que el gobierno era excesivamente influido por potencias extranjeras, en una referencia aparente a la intromisión de Qatar. Pero el martes lo describió como un buen gobierno, y dijo que seguirá esforzándose por formar un nuevo partido político que sea diverso y democrático.

"En realidad no hay un manual para construir un estado desde cero", indicó. "Esperamos, soñamos, y creo con firmeza que lograremos constituir una sociedad democrática, pero no hay una historia de democracia en Libia. ... Creo que podría servir mejor (a ese propósito) para construir este movimiento político".