Familiares de los muertos por la invasión de Estados Unidos a Panamá reiteraron el martes la demanda de que se le otorgue un reconocimiento a las víctimas de esa acción militar que hace 22 años expulsó al dictador Manuel Noriega, quien vivió por primera vez la fecha recluido en una cárcel panameña.

Los antiguos opositores siguen culpando a Noriega de haber arrastrado el país a esa intervención militar, pero familiares de las víctimas más que recriminar al ex hombre fuerte recordaron el aniversario con tristeza y con exigencias a un reconocimiento oficial de los que murieron combatiendo, así como a los civiles fallecidos.

Los familiares llevaron por la mañana flores a las tumbas de sus seres queridos en el cementerio capitalino Jardín de Paz y por la tarde realizaron la "marcha negra" que recorrió el barrio del Chorrillo, en donde operó el cuartel central de Noriega y que fue bombardeado durante la invasión.

La marcha, en que participaron algo más de un centenar de personas y en la que se mostró un cartel con la frase "Prohibido olvidar, buscando la verdad", llegó hasta un parque en el centro de la capital.

"Veintidós años después, las víctimas seguimos en la misma situación. Para nosotros no cambia el panorama, seguimos reclamando justicia; seguimos reclamando que el 20 de diciembre sea declarado Día de Duelo Nacional", expresó temprano a The Associated Press Trinidad de Ayola, quien perdió a su esposo, el teniente Octavio Rodríguez Garrido, durante la invasión.

Rodríguez pertenecía a la fuerza aérea y murió en combate, aseguró la mujer, vestida de negro y a la que se le aguaron por momentos los ojos antes de un acto en el Jardín de Paz.

"Como católica que uno es, uno perdona", agregó de Ayola, quien también es dirigente de la Asociación de Familiares de los caídos del 20 de diciembre. "Si hemos perdonado a (el ex presidente estadounidense George) Bush que es el mayor genocida... por qué no perdonar a otra figura (Noriega) que no fue más que un instrumento de Estados Unidos. Cuando se reveló y no quiso continuar con los dictámenes, vino toda la tragedia".

Bush padre ordenó la invasión a pocos días de celebrarse la Navidad de 1989 y que expulsó del poder a Noriega, quien había tomado control del país en 1983. El ex dictador y antiguo colaborador de la CIA fue llevado dos semanas después a Estados Unidos, donde se lo condenó por cargos de tráfico de drogas.

Francia logró que lo extraditaran a su territorio en el 2010 y lo condenó por blanqueo de capitales, aunque decidió repatriarlo el 11 de diciembre a Panamá, donde Noriega debe pagar prisión por tres casos de homicidio.

Es la primera vez que el ex hombre fuerte, de 77 años, está en Panamá en un aniversario de la acción bélica que puso fin a su régimen.

María Cristina Castillo, de 25 años, llegó con su mamá y un hermanito al Jardín de Paz para llevarle flores amarillas a la tumba de su papá Demetrio Castillo, un policía muerto durante la invasión.

"La verdad no tengo palabras, no sé qué decir", respondió Castillo a una pregunta de The Associated Press. "El (Noriega) no me va a regresar a mi papá".

"Es bastante doloroso. Uno quiere tener a la figura paterna en la casa", agregó.

De acuerdo con cifras oficiales, en la invasión murieron alrededor de 314 soldados panameños y 223 estadounidenses, así como 200 civiles, aunque organismos de derechos humanos y de familiares de los muertos estiman que fallecieron varios miles de panameños.

De Ayola dijo que en el Jardín de Paz fueron sepultados alrededor de 150 panameños, entre militares y civiles.

La dirigente señaló durante la marcha que una de las tareas pendientes en el país es esclarecer el número de fallecidos a raíz de la invasión.

Un intento para que se declarara Día de Duelo Nacional el día de la invasión en el anterior gobierno de Martín Torrijos (2004-09) no fructificó.

La actual administración del presidente Ricardo Martinelli no hizo ningún anuncio en la fecha, aunque previamente se instó a los panameños a que aprovecharan la fecha para reflexionar.

Como ha sido en los anteriores aniversarios de la invasión, la mayoría de los panameños se expresa indiferente ante ese episodio y se concentra en las compras navideñas.