La presidenta Dilma Rousseff se pronunció el lunes a favor de la creación de una industria brasileña de defensa capaz de desarrollar tecnología militar para equipar a sus fuerzas castrenses.

En una ceremonia de presentación de generales recién promovidos, Rousseff apoyó la modernización del equipo de las tres ramas de las fuerzas armadas pese a los atrasos en la compra de una flota de aviones de combate, que se ha aplazado por restricciones presupuestarias del gobierno.

"Para Brasil es importantísimo una industria nacional de defensa que sea capaz de crear aquí tecnología propia y, al mismo tiempo, permitir que aquí se cree toda una cadena de agregación de valor", declaró Rousseff.

La mandataria, quien en su juventud integró una guerrilla que combatió al régimen militar (1964-1985), aseguró que su gobierno seguiría adelante con los planes de modernizar a las tres ramas militares.

"Es imprescindible disminuir nuestras vulnerabilidades, modernizar los medios operativos, integrar cada vez más las tres fuerzas (y) mejorar la capacidad institucional del Ministerio de Defensa", declaró.

"Por eso seguiremos con los proyectos prioritarios de equipamiento de las fuerzas sin dejar de valorizar a los hombres y mujeres que hacen esos proyectos posibles", agregó Rousseff.

Pese a su manifestación, su gobierno suspendió temporalmente la compra de 36 aviones de combate para modernizar la flota de la fuerza aérea, cuyas naves actuales están cerca de completar su ciclo de vida útil.

En la operación, valorada en 5.000 millones de dólares, compiten las aeronaves F-18 Super Hornet de la estadounidense Boeing, Gripen NG de la sueca Saab y Rafale de la francesa Dassault.

Brasil también está en proceso de adquirir una flota de 50 helicópteros para las tres ramas castrenses y cinco submarinos. En ambos casos, el equipo militar está siendo comprado a empresas europeas y fabricado en Brasil.