Ante la súbita muerte de su padre, Kim Jong Un pasó de ser el "respetado general" de Corea del Norte al "Gran sucesor": una precaria promoción para un joven virtualmente desconocido incluso para el pueblo norcoreano hasta hace un año.

La noticia del fallecimiento de Kim Jong Il, anunciada el lunes y dos días después tras sufrir un ataque cardíaco en un tren, situó en el candelero a su veinteañero hijo como futuro heredero de una nación que intenta ser una potencia nuclear pero que sufre hambre desde hace años.

Pocas horas después de ser anunciada la noticia de la muerte de su padre, los medios de comunicación estatales pidieron a la población que respalde a Kim Jong Un y que "rinda fervorosa pleitesía" al nuevo líder. El hijo no ha sido visto en público desde el anuncio de la muerte de su padre.

El fallecimiento aceleró el proceso sucesorio que comenzó hace poco más de un año, escaso lapso para adquirir experiencia, lograr importancia política y disipar las dudas tanto internas como externas de que pueda encabezar una nación de 24 millones de personas.

En contraste, su padre dispuso de 20 años de preparación antes que su propio progenitor, el fundador de Corea del Norte Kim Il Sung, falleciera en 1994.

La noticia del fallecimiento de Kim estremeció a un país cuyos jerarcas guardaron celosamente los pormenores de la salud del mandatario, incluso después de sufrir una apoplejía en 2008 y sin el menor indicio de quién le sucedería a su fallecimiento.

Kim Jong Un apareció como sucesor emergente en septiembre de 2010, uno de los tres hijos de Kim Jong Il a quien finalmente decidió transferir el poder como líder de tercera generación de una dinastía que ha gobernado Corea del Norte desde 1948.

Kim Jong Il presentó oficialmente a su hijo en público como sucesor semanas después en un gran desfile militar con motivo de una de las onomásticas más importantes del partido.

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Los periodistas de The Associated Press Alexa Olesen en Beijing, Malcolm Foster en Tokio y Foster Klug en Seúl contribuyeron a este despacho.