El Gobierno de EE.UU. reaccionó hoy con cautela a la muerte del líder norcoreano Kim Jong Il, mientras evalúa los pasos a dar y los efectos que pueda causar el fallecimiento en las negociaciones sobre el programa nuclear de Pyongyang.

"Aún es muy pronto para determinar" si habrá una mejora de las relaciones con Corea del Norte, declaró hoy el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, en su rueda de prensa diaria.

"Esperamos que la nueva dirección del país tome las medidas necesarias para apoyar la paz, la prosperidad y un mejor futuro para los norcoreanos, sobre todo actuando de acuerdo con sus obligaciones acerca de la desnuclearización", indicó Carney.

En cualquier caso, subrayó el portavoz, EE.UU. continuará presionando al régimen para que cumpla sus compromisos internacionales y ponga fin a su programa nuclear.

Previamente, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, indicó que su país quiere una transición pacífica y estable en Corea del Norte tras la muerte de Kim Jong Il, quien había designado como su sucesor a su hijo Kim Jong Un, un veinteañero del que se conoce muy poco.

En declaraciones junto al ministro de Exteriores japonés, Koichiro Gemba, con el que se reunió hoy en Washington, Clinton afirmó que EE.UU. espera unas mejores relaciones con el pueblo norcoreano y está preocupado por su bienestar.

Washington y Tokio, agregó, comparten el interés por una transición estable y pacífica en Corea del Norte y la estabilidad y la paz en la región.

Por su parte, Gemba subrayó la necesidad de una coordinación muy de cerca entre los países participantes en las conversaciones a seis bandas (dos Coreas, EE.UU., China, Rusia y Japón), una iniciativa que busca lograr el fin del programa nuclear norcoreano pero que se encuentra en un punto muerto desde 2008.

En 2009 los inspectores internacionales fueron expulsados de Corea del Norte.

El leitmotif de la coordinación y la prudencia se repitió hoy en todas las reacciones oficiales estadounidenses tras una muerte que abre numerosos interrogantes sobre el futuro del país más hermético del mundo y, sobre todo, acerca del devenir de su programa nuclear.

Tanto Carney como Clinton subrayaron que EE.UU. se coordina muy de cerca con Japón y Corea del Sur y se encuentra en contacto con China y Rusia.

Y el Departamento de Defensa indicó que el estado de alerta de sus tropas en la península coreana permanece inalterado tras el anuncio de la muerte del jefe de Estado al que los norcoreanos llamaban "el querido líder".

En declaraciones a la prensa, el portavoz del Pentágono, George Little, indicó que el secretario de Defensa, Leon Panetta, habló hoy por teléfono con su par surcoreano, Kim Kwan-jin, y reiteró el compromiso de su país con la estabilidad en la península y la alianza bilateral.

Los dos ministros de Defensa se mostraron de acuerdo en la necesidad de una actitud prudente en lo que respecta a la seguridad, agregó el portavoz.

"Tanto el secretario como el ministro comprenden que nos encontramos en un momento delicado y debemos seguir de cerca los acontecimientos en Corea del Norte y la península", agregó Little.

El fallecimiento de Kim, ocurrido el sábado y dado a conocer el domingo, se produjo a causa de un ataque al corazón, según los medios oficiales norcoreanos.

La muerte, que ha abierto un periodo de duelo en Corea del Norte hasta el día 28, cuando tendrán lugar las exequias oficiales, acontece en un momento clave, cuando EE.UU. y Pyongyang trababan negociaciones sobre el suministro de ayuda humanitaria a Corea del Norte y se intentaba reiniciar las conversaciones a seis bandas.

El enviado especial de EE.UU. para Corea del Norte, Glyn Davies, acababa de regresar de una gira por Corea del Sur, Japón y China para estudiar las posibilidades de relanzar esas negociaciones.

Funcionarios estadounidenses y norcoreanos han mantenido contactos en Ginebra en dos ocasiones en los últimos meses para tratar de retomar las conversaciones multilaterales.

Aunque no arrojaron resultados concretos, el hecho en sí de las reuniones ya representó un avance, tras las tensiones del año pasado después de que Seúl acusara al régimen de Pyongyang de estar detrás del hundimiento de la corbeta "Cheonan".