La audiencia militar contra el soldado estadounidense Bradley Manning, acusado de filtrar miles de documentos secretos a WikiLeaks, entra hoy en su tercer día después de que la defensa argumentara trastornos de identidad sexual en su descargo.

En la primera sesión completa de la audiencia prejudicial que la jurisdicción militar sigue contra él, los abogados del soldado lo retrataron como un joven en lucha consigo mismo y trataron de mostrar que sus superiores podían haber evitado a tiempo las consecuencias de su conducta.

El objetivo de esta fase del procedimiento es determinar si Manning debe ser juzgado por la jurisdicción ordinaria o someterse a un consejo de guerra, por delitos muy graves como el de "ayudar al enemigo", que pueden acarrearle la pena de muerte o la cadena perpetua.

Después de una jornada inicial, la del viernes, en la que la defensa trató de recusar al presidente de la audiencia por supuesta parcialidad, el día de ayer estuvo dedicado a escuchar a los primeros testigos y las revelaciones no se hicieron esperar.

Manning había informado a un superior, el sargento Paul D. Adkins, de su trastorno de identidad sexual que afectaba a su conducta y a su capacidad para concentrarse, según el testimonio de un oficial de los servicios secretos, el capitán Steven Lim.

Lim era el jefe de la sección de inteligencia militar en la que Manning prestaba sus servicios en Bagdad dentro de la segunda brigada de la décima división de montaña, según recoge hoy el diario The Washington Post.

Adkins no puso en conocimiento de Lim los trastornos del soldado hasta que Manning fue arrestado en mayo de 2010.

Sabía de su inestabilidad mucho antes de que éste fuera destinado a Irak en otoño de 2009, pero no recomendó que se quedara en EE.UU. debido a la escasez de especialistas como él en el Ejército.

Ya en Irak, según otros testigos, Manning había protagonizado incidentes que podrían haber llevado a que se le retirara la autorización para acceder a las bases de datos confidenciales cuyos contenidos supuestamente filtró a Wikileaks.

Uno de sus abogados, el mayor Matthew Kemkes, fundamentó su defensa en demostrar que el ambiente hostil al que había sido expuesto Manning por ser homosexual había contribuido a que éste desarrollara problemas mentales y emocionales.

Un agente especial del Ejército de EE.UU., Calder Robertson, experto en investigación de delitos informáticos, fue preguntado por los desórdenes mentales de Manning.

Robertson, que declaró vía telefónica desde Alemania, en respuesta a las preguntas de la defensa, reconoció que era consciente de que el acusado utilizaba el sobrenombre femenino de Breanna Manning en algunas redes sociales y en chats de internet.

La audiencia sobre el caso Manning continúa hoy, en Fort George Meade, en Maryland (noreste de EE.UU.), bajo la presidencia del oficial Paul Almanza, quien es teniente coronel y fiscal de carrera en el Departamento de Justicia estadounidense.

El abogado del soldado estadounidense, David Coombs, pidió el viernes, al inicio del procedimiento, la recusación de Almanza, porque el Departamento de Justicia está llevando a cabo una investigación penal contra el fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

La defensa sospecha que el juicio contra Manning es en realidad una vía para acorralar a Assange.

El propio Almanza rechazó el viernes la recusación, que también fue denegada el sábado por la corte militar de apelaciones.

Manning, que cumplió durante la vista de ayer 24 años, lleva año y medio detenido.

Mientras se celebraba la audiencia numerosos manifestantes se congregaron en las inmediaciones en apoyo al soldado.

Manning está acusado de entregar a WikiLeaks, la plataforma fundada por Julian Assange, miles de documentos confidenciales sobre las guerras de Afganistán e Irak y cables del Departamento de Estado que han puesto en numerosos aprietos diplomáticos a EE.UU.

El soldado fue arrestado tras ser acusado por el pirata informático Adrian Lamo de ser la "garganta profunda" de WikiLeaks.

Manning estuvo recluido al principio en la Base del Cuerpo de Infantería de Marina en Quantico (Virginia), donde estuvo sometido a aislamiento.

Varias organizaciones internacionales, entre ellas Naciones Unidas, denunciaron el trato que recibía el soldado, quien llegó a asegurar que lo obligaban a dormir desnudo en su celda.