Incluso mientras los iraquíes festejaban el domingo la partida de las últimas tropas estadounidenses, los peligros que quedan tras casi nueve años de guerra eran patentes. Los políticos reñían alineados en las volátiles líneas sectarias del país y la violencia letal continuaba.

El último convoy estadounidense salió de Irak rumbo a Kuwait alrededor del amanecer, bajo un manto de confidencialidad con el fin de prevenir ataques contra las tropas. Cuando el público iraquí se enteró de ello después de levantarse, hubo alegría por el fin de una presencia que muchos pobladores resentían como una ocupación extranjera.

En la ciudad norteña de Mosul, Muhanad Adnan, propietario de una pastelería, dijo que tenía abundantes órdenes de pasteles — hasta 110 de los aproximadamente 70 que suele recibir a diario — debido a que las familias estaban organizando fiestas en sus casas. Algunos le pidieron que le escribiera a los pasteles inscripciones como "felicitaciones por el fin de la ocupación", afirmó.

Pero la felicidad se vio un poco empañada por las preocupaciones sobre el futuro.

"Nadie aquí quiere la ocupación. Este retiro representa una nueva etapa en la historia de Irak", dijo Karim al-Rubaie, un chií propietario de una tienda en la ciudad sureña de Basora. Pero, advirtió, "los políticos que manejan este país son sólo un grupo de ladrones".

"Estos políticos conducirán al país a la sedición y la guerra civil. Ahora Irak es como una presa débil entre las bestias vecinas", afirmó.

En la mañana, una bomba oculta bajo un montón de basura explotó en una calle de tiendas de refacciones para vehículos en un distrito habitado principalmente por chiíes en el este de Bagdad, acto que dejó dos muertos y cuatro heridos. Fue la más reciente de las balaceras y atentados con bomba que se suceden casi a diario — a un bajo nivel, pero letales de todas formas_, las cuales siguen haciendo sangrar al país, y muchos temen que aumentarán ahora que los estadounidenses se han ido.

De todas formas, la violencia ha disminuido mucho en comparación con el nivel en el que estaba en los peores años de la guerra de Irak, en 2006 y 2007, cuando insurgentes suníes y milicias chiíes hacían presa de los iraquíes en todo el país en un despiadado conflicto sectario que casi se convirtió en guerra civil.

Pero esos grupos armados aún existen, y hay profundas preocupaciones en torno a si las fuerzas de seguridad iraquíes serán capaces de mantenerlos a raya sin ayuda de las tropas estadounidenses.

El teniente general Babaker Zebari, jefe del estado mayor de las fuerzas militares de Irak, dijo el domingo que sus tropas están a la altura de la tarea de extirpar de raíz a los grupos de milicianos.

"Sólo hay terroristas desperdigados ocultos por aquí y por allá, y estamos buscando información de inteligencia para eliminarlos", afirmó Zebari. "Confiamos en que no habrá peligro".

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El periodista de la AP Bushra Juhi en Bagdad contribuyó con este despacho.