El nuevo presidente tunecino, Moncef Marzuki, considera que, tras la revolución y las primeras elecciones democráticas, Túnez no necesita buscar legitimidad en el extranjero ni ser tratado con condescendencia, según una entrevista difundida hoy por "Le Journal du Dimanche" francés.

"El espíritu colonial se ha terminado. La revolución de enero de 2011 nos ha dado la democracia, la República y finalmente la independencia", indicó en exclusiva a ese rotativo desde el mismo despacho ocupado durante 23 años por el exiliado Zine El Abidine Ben Alí.

Marzuki, elegido este lunes presidente a propuesta de la mayoría parlamentaria, recalcó que a diferencia de Ben Alí, él es "un presidente legítimo" que no necesita ir a otros países para que se le legitime como tal.

"Todos los regímenes dictatoriales del mundo árabe requerían la legitimidad del mundo occidental para existir. Ni que fuera porque habían escondido allí su dinero. Yo no tengo ninguna cuenta en Suiza o en Francia. Soy el presidente independiente de un país independiente", destacó.

El nuevo jefe de Estado recalcó específicamente en referencia a Francia que no ha apreciado "las consideraciones 'culturalistas', por no decir racistas, formuladas en París por algunos", entre los que incluyó al exministro de Exteriores Hubert Védrine, "que se preguntó si Occidente debía exportar su democracia".

"Los franceses son a menudo los que menos comprenden el mundo árabe, cuando debería ser al contrario", lamentó desde el palacio presidencial, asegurando que el tiempo demostrará hasta qué punto es "absurdo" el temor occidental respecto al partido islamista Ennahda, el más votado en los comicios legislativos de octubre.

"Los que gritan 'qué viene el lobo' o tienen mala fe o son ignorantes. Nuestra sociedad tiene una parte conservadora y otra moderna. La expresión política del conservadurismo es el islamismo. En Europa tenéis partidos cristiano-demócratas. Nosotros -insistió- tenemos un partido democrático islamista".

Marzouki, líder del Congreso Por la República (CPR), que negoció una alianza con Ennahda, dijo además que a diferencia de la época de Ben Alí, en la que el palacio presidencial "era el templo de la corrupción", encarnará la transparencia, defenderá los derechos humanos y venderá el resto de palacios de su predecesor.

"La gente me advierte: 'Cuidado, el cargo te va a cambiar'. Pero yo tengo la pretensión de pensar que soy yo quien va a transformar el puesto", agregó.