La organización Syria First Coalition, que agrupa a numerosos ciudadanos estadounidenses de origen sirio, pidió hoy al embajador ruso ante la ONU, Vitaly Churkin, que deje de proteger en el Consejo de Seguridad del organismo al presidente sirio, Bachar al Asad.

El presidente de la organización, Fehmi Khairullah, remitió una carta a Churkin en la que traslada la "grave preocupación" de los sirios estadounidenses ante la posición mantenida por Rusia en el Consejo de Seguridad, donde en octubre vetó junto a China una propuesta europea de condena a Damasco por la represión.

"Con su veto, no sólo apoya a un régimen asesino, sino que bloquea cualquier ayuda humanitaria para el desesperado pueblo sirio, que se muere de frío, hambre y miedo, y no tiene suministros médicos", dijo Khairullah, quien señaló que "el único delito de los sirios es pedir libertad y dignidad".

El presidente de Syria First Coalition señaló, además, en la misiva que "la Federación de Rusia tiene la obligación moral de ayudar a detener los horribles asesinatos y las torturas que se cometen cada día en Siria de gente inocente".

Pide concretamente a Churkin que apoye en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas "abiertamente los deseos de democracia del pueblo sirio, la protección de los civiles y su derecho a recibir ayuda humanitaria".

En los meses que lleva la represión en Siria, el Consejo ha sido incapaz de aprobar una resolución de condena a Damasco ante la oposición de Rusia y China, que en octubre pasado ejercieron su derecho a veto para oponerse a un texto presentado por Francia, Reino Unido, Alemania y Portugal, con el apoyo de Estados Unidos.

El jueves, sin embargo, Rusia presentó un proyecto de resolución en el que anima al Gobierno de Al Asad a iniciar reformas en el país y pide el cese de la violencia, aunque los miembros occidentales del máximo órgano de decisión de la ONU lo tildaron de insuficiente.

La resolución, a la que Efe tuvo acceso, no contiene sanciones y reconoce "el uso desproporcionado de la fuerza por las autoridades sirias", pero pide "a todas las partes que detengan inmediatamente la violencia sin tener en cuenta de donde viene" y llama "a los grupos de oposición sirios a desvincularse de los extremistas" y a iniciar "un diálogo con las autoridades sirias".

El texto pidió "el cese inmediato de toda violencia y provocación", y condenó "la actividad de grupos extremistas, que atacan a las instituciones del Estado, como son los miembros de las fuerzas de seguridad", mientras que solicita a Damasco "la liberación de los detenidos por ejercer sus derechos de libertad de expresión, asamblea y asociación pacífica".

El embajador francés ante la ONU, Gérard Araud, consideró hoy, en declaraciones distribuidas a través de la red social Twitter, que el texto ruso es "desequilibrado y vacío", ya que la mayor preocupación de los europeos y sus socios es que se ponga en el mismo nivel a las fuerzas gubernamentales y a los manifestantes que piden reformas.

Los países occidentales desean que el texto que se apruebe en el Consejo contenga una condena más fuerte contra el régimen sirio, pero expresaron su voluntad de negociar igualmente en base a la propuesta rusa.

Según señalaron hoy a Efe fuentes diplomáticas, crece la preocupación entre los miembros del Consejo de Seguridad ante el calendario que marque Rusia, que preside este mes ese órgano, para negociar ese proyecto de resolución.

Por el momento, Churkin no convocó consultas sobre el asunto para este viernes, como algunos miembros esperaban, ni se ha pronunciado sobre reuniones de cara a la próxima semana, según las mismas fuentes, que creen que, con la cercanía de la época navideña, el movimiento del jueves podría quedar tan sólo en una "maniobra".

La organización Syria First Coalition tiene prevista además para hoy una concentración ante la Misión de Rusia ante la ONU, situada en Manhattan, para que sus miembros y simpatizantes pidan a Moscú que respalde algún tipo de acción en Naciones Unidas contra el régimen de Al Asad.

La cifra de muertos por la represión en Siria sigue en aumento, como destacó esta misma semana ante el Consejo de Seguridad la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, quien habló de "más de 5.000 muertos, entre ellos más de 300 menores".