La extrema pobreza, la violencia de las pandillas y el tráfico de drogas generan una sensación de aislamiento en algunos habitantes de la capital guatemalteca.

La sordidez y la pobreza son presencias constantes.

Muchos conductores de autos en esta ciudad de 3 millones de habitantes instalan ventanillas oscuras en sus autos. Los salones de belleza instalan barrotes en sus puertas. Los autobuses, llenos de pasajeros hasta reventar, llevan guardias.

Muchos dicen que la violencia es una herencia de 36 años de guerra civil que concluyó en en 1996. En la guerra murieron unas 200.000 personas, la mayoría a manos de fuerzas estatales y paramilitares.