El jefe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) llegó el miércoles a Bolivia para hablar con el presidente Evo Morales sobre el veto internacional la costumbre andina de masticar coca, de la que el mandatario es un ferviente defensor.

El funcionario de origen iraní Hamid Ghodse se reunirá el jueves con el gobernante y más tarde con el canciller David Choquehuanca con quienes analizará la renuncia presentada este año por Bolivia a la Convención Internacional de Estupefacientes de la ONU de 1961 que penaliza los usos tradicionales de la coca, informó la Cancillería el miércoles.

Choquehuanca, que es aymara como Morales, recibirá a Ghodse con un rito ancestral que será celebrado por un chamán indígena y del que formará parte la hoja de coca.

Con esa ceremonia el gobierno boliviano busca "explicar a la JIFE la importancia de la hoja sagrada en nuestra cultura", dijo la Cancillería en un comunicado.

El gobierno boliviano invitó al director de la JIFE a el viernes el Chapare, una de las principales zonas cocaleras y bastión político de Morales en el centro del país, para conocer en el terreno los avances en la erradicación de cultivos excedentes a los autorizados por el gobierno para el consumo interno de coca.

Morales, todavía líder de los combativos sindicatos cocaleros, emprendió una campaña internacional para lograr que la ONU, de la que la JIFE es una dependencia, retire el veto a los usos tradicionales de esa planta. "Es un error histórico que debe enmendarse", ha dicho antes el mandatario.

La Convención de 1961 exhorta a terminar la práctica de masticar las hojas del arbusto, una herencia cultural arraigada en países como Bolivia, Perú y Colombia desde tiempos prehispánicos. Sin embargo, una enmienda al tratado con ese sentido fracasó por el rechazo de Estados Unidos.

Ante ello, Bolivia renunció a la Convención y anunció que volverá a adherirse a la misma el 1 de enero de 2012 pero esta vez haciendo constar sus observaciones. La JIFE ha dicho que esa gestión no tiene "precedentes" y que puede socavar "la integridad del sistema global de control de las drogas".

En su estado natural la coca no es un estupefaciente. Los indígenas y cada vez más sectores de la población boliviana mastican hojas secas de la planta o preparan infusiones para contrarrestar los efectos de la altura en las cumbres andinas o con otros fines medicinales y alimenticios. También es utilizada en rituales con fines místicos.

Pero otra parte de las 31.500 hectáreas de cultivos de esa planta existentes en Bolivia, son desviadas al narcotráfico en donde las hojas son sometidas a procesos químicos para producir cocaína.

Después de Colombia y Perú, Bolivia es el tercer productor mundial de cocaína.