El ministro irlandés de Finanzas, Michael Noonan, afirmó hoy que la celebración de un referéndum en Irlanda sobre la reforma del tratado de la Unión Europea (UE) para conseguir una mayor disciplina presupuestaria sería, en realidad, una consulta sobre el euro.

Noonan hizo esas declaraciones a los medios de comunicación en Londres, donde se reúne hoy con su homólogo, el llamado "canciller del Exchequer" George Osborne, para abordar las consecuencias del rechazo del Reino Unido al acuerdo intergubernamental alcanzado en la cumbre europea del pasado viernes en Bruselas.

"Realmente todo se reduce en esta ocasión a una cuestión muy simple, si quieres continuar en el euro o no. Ante esa pregunta, creo que los irlandeses darían el sí en un referéndum", declaró el ministro irlandés.

Sus palabras recuerdan a los mensajes lanzados por París y Berlín el pasado noviembre cuando el exprimer ministro griego Yorgos Papandréu anunció su intención de celebrar una consulta popular sobre un segundo rescate a su país, opción que después descartó.

No obstante, Noonan precisó hoy que "es pronto" para saber si su Gobierno deberá convocar un plebiscito sobre este asunto, pues se desconoce aún el texto final del citado acuerdo y si éste obligará a Irlanda a introducir cambios en su Constitución.

El Ejecutivo de Dublín espera que la fiscal general del Estado, Máire Whelan, tenga listo un informe al respecto antes del próximo marzo, coincidiendo con el calendario previsto por Bruselas para finalizar también la redacción del texto del tratado.

El Gobierno de Dublín ha hablado estos días de las diferencias entre acuerdos intergubernamentales y tratados de la Unión Europea, que han requerido hasta ahora el apoyo de todos sus miembros.

Si se tratase de un tratado similar a los que actualmente rigen la UE, algunos expertos opinan que la adhesión de Irlanda obligaría a su Gobierno a reformar su Constitución, en cuyo caso debería convocar una consulta popular.

En el pasado, este condicionante legal ha dado serios quebraderos de cabeza a Dublín y Bruselas y ha provocado diversas parálisis.

El electorado irlandés rechazó en 2008 en una consulta popular el Tratado de Lisboa, aunque un año después dio el "sí" a un texto modificado.

Lo mismo sucedió en 2002, cuando los irlandeses aprobaron en las urnas el Tratado de Niza después de haberlo rechazado un año antes.

No obstante, tampoco está claro si el nuevo tratado intergubernamental necesitará una ratificación unánime para prosperar, pero se entiende que un "no" de un país de la zona euro complicaría los esfuerzos para salvar la moneda única.