La lucha contra el paludismo avanza de manera esperanzadora, pues los casos en el mundo se han reducido casi a la mitad en los últimos 10 años, aunque éste y otros logros están en riesgo por una eventual reducción de fondos, la resistencia del parásito a los fármacos y del mosquito a los insecticidas.

De esta manera describe el informe anual sobre el paludismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la evolución de esta enfermedad, que es una de las principales causas de mortalidad entre la población infantil de África.

Los esfuerzos internacionales por atajar su avance han dado sus frutos y entre 2000 y 2010 hubo una reducción de casos de más del 50 por ciento en 43 de los 99 países con transmisión continua, mientras que en otros 8 países el retroceso de la transmisión fue de entre el 25 y el 50 por ciento.

Con todo, en 2010 se registraron 216 millones casos de malaria, de los que el 81 por ciento (174 millones) correspondieron a África.

En términos de víctimas mortales, la malaria fue la responsable de 655.000 muertes ese mismo año, siendo la gran mayoría (un 86 por ciento) niños menores de cinco años.

La mortalidad específica atribuida a esta enfermedad infecciosa es actualmente del 26 por ciento, lo que supone una reducción del 17 por ciento con respecto a una década atrás.

Pese a los buenos resultados, la directora general de la OMS, Margaret Chan, pidió "no perder nuestra determinación" en momentos en los que dominan las incertidumbres con respecto a la economía mundial, por el impacto que esto puede tener en la financiación de los programas contra la malaria.

"Señales inquietantes indican que dicho avance podría frenarse, sobre todo por las reducciones previstas en los fondos destinados a financiar el acceso universal a las medidas de prevención y control del paludismo", señaló.

Según la OMS, la financiación internacional para luchar contra la enfermedad parece haber alcanzado su punto máximo en 2.000 millones de dólares recaudados para 2011, un importe muy por debajo de los entre 5.000 y 6.000 millones de dólares requeridos.

Incluso se han realizado cálculos según los cuales los fondos se reducirán de aquí a 2015 y para entonces sólo se puedan reunir 1.500 millones de dólares anuales.

Chan advirtió igualmente de la amenaza que suponen la resistencia del parásito a los medicamentos más usados y del mosquito a los insecticidas con los que se impregnan las mosquiteras que se utilizan en millones de hogares africanos y de otras regiones.

"La experiencia nos ha enseñado lo frágiles que pueden ser los avances. La distribución de mosquiteras tratadas con insecticida de larga duración durante los últimos años es un logro notable que ha salvado cientos de miles de vidas, pero es -o será pronto- necesario reemplazarlas", explicó la jefa de la OMS.

Sostuvo que lo óptimo sería fabricar mosquiteras con una vida útil de cinco años en vez de los tres actuales, pues de este modo se ahorrarían cientos de millones de dólares y a la vez se limitaría el riesgo de rebrote de la enfermedad.

El informe anual sobre el paludismo apunta también la importancia de que se retiren del mercado asiático las monoterapias en base a la artemisinina oral, uno de los principales elementos que fomentan la aparición y propagación de la resistencia a dicho fármaco.

"Estas monoterapias siguen estando ampliamente disponibles a pesar de los llamamientos repetidos de la Asamblea Mundial de la Salud", lamentó Chan.

Se considera que por el momento se ha logrado contener la resistencia a la artemisinina a la frontera entre Camboya y Tailandia (para la malaria causada por el parásito 'Plasmodium falciparum'), aunque hay evidencia de casos en Birmania y Vietnam, con lo que de todos modos este problema sigue circunscrito a la región del río Mekong.

Una manera de contener el surgimiento y propagación de la resistencia a los fármacos antipalúdicos es proporcionar pruebas de diagnóstico a todos los pacientes con sospecha clínica de paludismo y que se administre un tratamiento únicamente a quienes tengan confirmada la infección por Plasmodium, según la OMS.

Isabel Saco