La ciudad palestina de Belén espera conseguir estas navidades un nuevo récord de visitantes pese a las dificultades que afrontan sus habitantes para promocionar el turismo y el peregrinaje en el lugar donde, de acuerdo con la tradición cristiana, nació Jesús.

Al muro de hormigón que la separa de Jerusalén -a tan sólo ocho kilómetros de distancia- se suma la expansión de los asentamientos israelíes que, según los palestinos, pretende cercar cada vez más Belén y desconectarla de la ciudad santa, cuya parte oriental reclaman como capital de su anhelado Estado.

Este mismo lunes el Gobierno israelí aprobó la ampliación del asentamiento de Efrat, en el distrito de Belén, con nuevas viviendas que se construirán apenas a unos cientos de metros de un suburbio de la ciudad símbolo de la Navidad.

Aún así, el número de turistas y peregrinos que visitan Belén y el resto de territorios palestinos no ha cesado de crecer en los últimos años en paralelo a la reducción de la inseguridad desde el final de la segunda Intifada a partir de 2004.

"El año pasado alcanzamos un récord con 1,9 millones de visitantes en Palestina y este año esperamos superar esa cifra y llegar a 2 millones y medio, pese a la inseguridad provocada en la región por la Primavera árabe", manifestó la ministra de Turismo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Jolud Daibes.

Además, según Daibes, el número de pernoctaciones aumentó este año un 12 por ciento, sobretodo en Belén, lo que para los palestinos supone un especial logro ya que la mayoría de los turistas suelen dormir en Jerusalén y viajar sólo a la ciudad vecina durante algunas horas para visitar la Basílica de la Natividad.

La cifra de habitaciones hoteleras se ha duplicado en los territorios palestinos en los últimos tres años hasta las 6.800 actuales y también en Belén, donde se están construyendo dos nuevos hoteles.

El objetivo es conseguir no sólo más visitantes sino que éstos se queden durante más tiempo y dejen más dinero en las menguadas arcas palestinas.

"El 90 por ciento del gasto de los turistas se queda en Israel y sólo un 10 por ciento en Palestina", lamentó la ministra y consideró "totalmente injusto" que sea así cuando "la gran mayoría de la gente que llega a la región viene a visitar Tierra Santa".

Daibes lo achacó a la ocupación, al muro, a los controles y a las restricciones impuestas por Israel, al tiempo que instó a los visitantes a ejercer un "turismo responsable" que busque un mayor contacto con la población y la cultura local, y evite alojarse en hoteles "en tierra confiscada".

"Belén debe ser un patrimonio de la humanidad, libre para el acceso de todos los ciudadanos del mundo, y no puede vivir encerrada entre muros, colonias y puestos militares", opinó Fayez Saqa -diputado palestino, betlemita y casado con una española- quien destacó que muchos palestinos cristianos de Gaza no obtienen el permiso de Israel para pasar las navidades en la ciudad.

La declaración como patrimonio de la humanidad del casco antiguo de Belén, solicitada por la ANP a principios de este año, podría verse facilitada por el ingreso de Palestina en la UNESCO como miembro de pleno derecho el pasado noviembre.

Entretanto, las autoridades palestinas aseguran haber conseguido el complicado acuerdo de las tres confesiones cristianas que se reparten la custodia de la Basílica de la Natividad (greco-ortodoxa, católica y armenia) para acometer su restauración, cada vez más imperiosa.

Al igual que sucede con otros lugares sagrados de Tierra Santa, la pelea por cada centímetro de custodia entre las diferentes confesiones ha hecho muy difícil emprender hasta ahora la renovación del templo construido sobre el pesebre de Jesús.

El jefe del Comité de Restauración, Ziad Bandak, explicó que el consorcio internacional adjudicatario del proyecto cifró entre 13 y 15 millones de euros el coste de renovar el techo de madera de la Basílica, los mosaicos, las paredes y la gruta que cobija el lugar del pesebre, que se encuentran bastante deteriorados.

El sector público y privado palestino ha aportado hasta ahora un millón y medio de dólares con ese fin, pero no se ha concretado aún la ayuda internacional para unas obras que se espera comiencen a mediados del próximo año, según Bandak.

"Palestina celebra la esperanza" es el lema elegido por la ANP para la Navidad de este año.

En palabras de la ministra de Turismo, porque "no pueden perderla" y porque es "la única manera" que tienen los palestinos "de sobrevivir".

"Al fin y al cabo estábamos ya aquí cuando Cristo nació y seguimos aquí, pese a todo, orgullosos de no haber abandonado nuestra tierra", dijo la ministra palestina.

Por Javier García.