Los estudiantes universitarios chilenos preparan un concierto y una nueva marcha para cerrar en diciembre este año de movilizaciones, marcado por siete meses de protestas por una educación pública y gratuita que planean retomar el próximo curso.

Dirigentes de la Confederación de Estudiantes Universitarios (Confech) anunciaron hoy en una conferencia de prensa que este miércoles se celebrará un concierto en Peñalolén, un distrito periférico de la capital, con el fin de recaudar fondos para el movimiento estudiantil.

Aseguraron además que el próximo jueves 22 se realizará una marcha en apoyo a los estudiantes secundarios y en rechazo a la prueba de selección universitaria (PSU), que 271.000 alumnos comenzaron a rendir hoy en todo el país.

Según el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (Feuc), Noam Titelman, esta prueba dice más del hogar de donde procede el alumno que de sus capacidades, en alusión a la segregación social que afecta al sistema educativo chileno.

En tanto, al supervisar el inicio de la prueba en un colegio de la capital, el ministro chileno de Educación, Felipe Bulnes, descartó que la falta de clases por las tomas y paros puedan tener grandes consecuencias en las puntuaciones de la PSU.

"Más allá de las tomas, la matrícula que se vio afectada fue del 7 % en el momento peak, y además hubo el compromiso de muchos profesores y directores (...) de apoyar a sus alumnos de cuarto medio, de manera que no enfrentaran esta prueba con desventaja", señaló.

Por su parte, la Confech, que reúne a las federaciones de alumnos de las 25 principales universidades del país, celebrará su próxima asamblea el 7 de enero en la capital chilena, donde esperan realizar un balance general del movimiento y planificar el próximo curso.

Aunque normalmente enero y febrero son meses de vacaciones, este año muchas casas de estudio permanecerán abiertas para recuperar las clases perdidas.

Los estudiantes comenzaron a movilizarse el pasado mayo con el fin de exigir una reforma al sistema educativo impuesto en 1981 por la dictadura de Augusto Pinochet, que abrió el sector a los privados y redujo la aportación estatal a las instituciones públicas.

Tras empujar a miles de personas a las calles, los jóvenes rompieron en octubre el diálogo con el Gobierno.

Después, el debate se trasladó al Congreso, donde a fines de noviembre se aprobó el presupuesto de educación para 2012 con un aumento del 10 % respecto a este año, hasta los 12.000 millones de dólares.

Esas cuentas prevén un incremento de los fondos para becas de educación superior desde 380 millones de dólares en 2011 a 680 millones de dólares en 2012, así como un incremento del 5 % en los aportes estatales a esas 25 universidades principales.

Los estudiantes, que aspiran a una educación gratuita universal, insisten en que esas mejoras no suponen una reforma al sistema y advierten que el próximo año continuarán con las movilizaciones porque dicen ser conscientes de que ese es un objetivo de largo aliento.