Benedicto XVI anunció hoy que viajará a México y Cuba antes de la próxima Semana Santa, durante una misa con motivo del bicentenario de la Independencia de países latinoamericanos, a los que exhortó a luchar contra el narcotráfico, la criminalidad y la corrupción y defender la vida y la familia.

"Tengo la intención de emprender un viaje apostólico antes de la santa Pascua (de 2102) a México y Cuba, para proclamar allí la palabra de Cristo y afianzar la convicción de que éste es un tiempo precioso para evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente", afirmó el papa, en español, en la basílica de San Pedro.

Aunque de momento se desconocen las fechas, fuentes vaticanas señalaron a Efe que será en la segunda quincena de marzo, presumiblemente entre el 23 y el 28.

Este será el segundo viaje del papa Joseph Ratzinger a América Latina, tras el realizado a Brasil en 2007, y el primero a dos países de habla española de esa zona que Juan Pablo II denominó el "continente de la esperanza".

Además de anunciar el viaje, el papa envió un mensaje de aliento a los países de esa región y dijo que mientras se conmemora el bicentenario de la independencia, el camino de la integración en ese continente avanza, "a la vez que se advierte su nuevo protagonismo emergente en el concierto mundial".

"En estas circunstancias, es importante que sus diversos pueblos salvaguarden su rico tesoro de fe y su dinamismo histórico-cultural, siendo siempre defensores de la vida humana desde su concepción hasta su ocaso natural y promotores de la paz", afirmó.

Benedicto XVI exhortó a esos países a tutelar la familia y a intensificar una "vasta y capilar tarea educativa" para preparar a sus ciudadanos a afrontar "digna y responsablemente su destino".

"Están llamados a fomentar programas efectivos que propicien la reconciliación y la fraternidad, incrementen la solidaridad y el cuidado del medio ambiente, vigorizando a la vez los esfuerzos para superar la miseria, el analfabetismo y la corrupción y erradicar toda injusticia, violencia, criminalidad, inseguridad ciudadana, narcotráfico y extorsión", afirmó.

La basílica vaticana se convirtió en esta jornada en un templo más latinoamericano, en el que se habló español y portugués, se exhibieron las banderas de todos los países de esa zona del mundo y se rindió homenaje a la Virgen de Guadalupe, patrona de América, cuya festividad se celebra hoy.

Dos jóvenes, un chico y una chica, por cada uno de los países latinoamericanos, ataviados con los trajes nacionales, portaron las banderas nacionales hasta el altar mayor de la basílica, bajo el Balquino de Bernini, que presidía un cuadro de la Virgen morena.

Asimismo, se cantó la Misa Criolla, del argentino Ariel Ramírez.

El papa Ratziger, de 84 años, expresó su alegría por viajar de nuevo a América Latina y se refirió a esos países, muchos de los cuales celebran el bicentenario de su independencia de España, afirmando que "más allá de los aspectos históricos, sociales y políticos de los hechos, renuevan al Altísimo la gratitud por el gran don de la fe recibida".

El papa agregó que el Sucesor de Pedro, es decir él, "no podía dejar pasar esta efeméride sin hacer presente la alegría de la Iglesia por los copiosos dones que Dios ha derramado durante estos años en esas amadísimas naciones, que tan entrañablemente invocan a María Santísima".

Benedicto XVI exhortó asimismo a los latinoamericanos a impulsar la gran misión continental de nueva evangelización, promovida en la reunión de la CELAM en Aparecida (Brasil) de 2007, para que "la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de los pueblos latinoamericanos".

El papa Ratzinger encomendó todos sus propósitos a la Virgen de Guadalupe, a la que el cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la congregación para los obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, llamó durante la ceremonia la del "rostro mestizo" y a la que pidió por la justicia, la fraternidad y la paz en los pueblos latinoamericanos.

A la misa asistieron numerosos cardenales y obispos procedentes de América Latina, España y Portugal, así como el cuerpo diplomático latinoamericano acreditado ante la Santa Sede y miles de latinoamericanos que viven en Italia, muchos de ellos vestidos con trajes típicos de sus países.

La misa, según precisó el cardenal Ouellet, ha sido un gesto de "afecto y de solidaridad" de parte del Pontífice hacia los pueblos y naciones del "Continente de la Esperanza".

Juan Lara