El primer ministro del Reino Unido, David Cameron, recibió anoche en su residencia oficial campestre a unos 30 diputados conservadores para tratar sobre su polémico rechazo a un nuevo tratado europeo para resolver la crisis en la zona del euro.

Al encuentro, del que hoy informa la BBC, asistieron parlamentarios de todas las corrientes de su partido, incluidos euroescépticos, el sector que más satisfecho está con la actuación del premier en Bruselas, que se ha traducido en un aislamiento del Reino Unido.

El euroescéptico Andrew Rosindell declaró a la cadena pública que Cameron había estado "muy relajado" en la reunión y que el ambiente había sido "extremadamente positivo".

Los 27 países de la Unión Europea (UE) menos Gran Bretaña respaldaron el viernes un nuevo tratado intergubernamental para aumentar la disciplina presupuestaria en la zona del euro, con sanciones a aquellos Estados cuyo déficit exceda un 3 % de su Producto Interior Bruto (PIB).

Cameron se negó a sumarse al acuerdo, imposibilitando así la unanimidad, debido a que no se aceptaron las exenciones que pedía para la City de Londres, el principal centro financiero europeo y que aporta un 9 % al PIB británico.

Uno de los "tories" más eurófilos, Michael Heseltine, que fue ministro en varios Gobiernos conservadores, dijo hoy en Radio 4 de la BBC que Cameron no podía suscribire el pacto porque no tiene "una mayoría parlamentaria para llevarnos por ese camino", pese a que sus socios de coalición, los liberaldemócratas, son europeístas.

No obstante, Heseltine subrayó también que la decisión del primer ministro no protegió en realidad los intereses de la City, como era su intención, ya que ahora "ellos podrían crear normas para la zona euro que dificultaran las transacciones financieras con el exterior".

"No se pueden proteger los intereses de la City flotando hacia el Atlántico", añadió.

Por otra parte, el viceprimer ministro, Nick Clegg, líder del Partido Liberaldemócrata, ha advertido a los euroescépticos "que se están frotando las manos" que "tengan cuidado con lo que desean (por si se cumple)", ya que hay un "claro riesgo de una Europa de dos velocidades en que la posición británica quede más marginada".