La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, entregó hoy los premios nacionales de derechos humanos de 2011 y reafirmó su defensa de la libertad de expresión, al señalar que prefiere "el ruido a veces doloroso de la prensa libre al silencio de las dictaduras".

Rousseff encabezó la entrega de los premios, creados en 1995, por primera vez desde que asumió el poder, el pasado 1 de enero, y evitó toda alusión a su propio pasado de presa política, aunque no dejó de subrayar que en los últimos años Brasil "devoró y digirió todos los artificios autoritarios para crecer en democracia".

El acto se celebró una semana después de que la revista Época divulgase una foto de fuerte impacto, en la que se ve a Rousseff, con sólo 22 años, en 1970, interrogada por un tribunal militar cuando estaba presa por sus presuntos vínculos con grupos alzados en armas contra la dictadura que entonces gobernaba al país.

La jefa de Estado, hoy de 63 años, afirmó que Brasil aún tiene mucho por hacer en el área de derechos humanos, pues carga todavía con la herencia de la esclavitud y de "regímenes de excepción, que siempre dejan marcas duraderas y actitudes arbitrarias en el poder público".

No obstante, destacó las bondades de la democracia frente a épocas en que "una huelga era un caso de policía y las divergencias podían llevar a la cárcel o a la muerte".

En ese marco, reiteró que prefiere "el ruido a veces doloroso de la prensa al silencio de las dictaduras" y rindió especial homenaje a la memoria del periodista Vladimir Herzog, quien falleció en 1975, dos días después de haber sido detenido por agentes de la dictadura.

Según sus captores, Herzog fue hallado en su celda ahorcado con su propia corbata, pero exámenes posteriores revelaron que murió a consecuencia de las severas torturas a las que fue sometido.

Una de las 21 personalidades o instituciones premiadas hoy por su labor en favor de los derechos humanos fue precisamente un instituto que lleva su nombre y preside su viuda, Clarise Herzog.

Otra distinción recayó en manos de Creuza Maria Oliveira, quien preside la Federación Nacional de Trabajadoras Domésticas y en un emotivo discurso evocó a las 7,2 millones de brasileñas que "cada día cuidan de las casas de otras mujeres".

Oliveira pidió a Rousseff que agilice los trámites para que el país ratifique la Convención 189, aprobada en junio pasado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establece normas para dignificar el trabajo de los empleados domésticos.

Además, instó a la jefa de Estado a promover una reforma del artículo 7 de la Constitución brasileña, que establece los derechos de los trabajadores, pero excluye tácitamente de muchos de ellos a los empleados domésticos.

"La Constitución discrimina a los trabajadores domésticos y eso no puede seguir así", declaró Oliveira, a lo que Rousseff respomdió con un aplauso.