El Gobierno colombiano y las FARC dieron señales de acercamiento esta semana, un giro inesperado que, a juicio de los expertos consultados por Efe, abre una nueva etapa, aunque la paz aún se ve lejana en este país.

El primer gesto partió de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuando anunciaron el martes que proseguirán con la liberación de los policías y militares cautivos, algunos desde hace más de diez años, y el mismo día en que miles de colombianos salieron a las calles para reclamar el fin del secuestro.

El anuncio lo hicieron diez días después de asesinar a cuatro secuestrados en medio de un operativo militar en el selvático y sureño departamento de Caquetá, el pasado 26 de noviembre.

El siguiente gesto vino por parte del presidente Juan Manuel Santos, quien se comprometió a facilitar esas liberaciones y a abrir las puertas del diálogo.

"Si hay voluntad se dialoga, porque eso es lo que quiere el pueblo colombiano y eso es lo sensato: acabar este conflicto de 47 años; pero necesitamos demostraciones fehacientes que nos puedan convencer", manifestó Santos.

A este optimismo, aunque con reservas, se sumó el director del Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Paz (Indepaz), Camilo González Posso, quien observó "un nuevo lenguaje por parte del Gobierno" y también que "el gesto de las FARC da credibilidad para pensar en una intención de solución del conflicto".

Hasta ahí "hay un principio fácil, en adelante son dificultades", matizó, al subrayar que "todo hay que tomarlo con cierto escepticismo".

Aún así, agregó, "cualquier lucecita que se abra, hay que explorarla".

Para la directora de la ONG Fundación Ideas para la Paz, María Victoria Llorente, "independientemente de los sucesos lamentables con los secuestrados asesinados, se siente que algo se estaría fraguando para construir un escenario" encaminado a solucionar el conflicto con las FARC.

"Ese escenario tarde o temprano se va presentar, aunque no es un escenario que vemos en la vuelta de la esquina, pero sí es algo que al final tiene que construirse", matizó Llorente.

"Nadie en el país va a creer en un nuevo escenario de paz si no hay una muestra muy clara y si las FARC no se comprometen con ello, y una condición es que suelten a los secuestrados. Hoy ni siquiera les sirven los secuestrados para negociar", remarcó Llorente.

Más pesimista se mostró el director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), Jorge Restrepo, porque si bien consideró el anuncio de las FARC un guiño a la paz, entiende que la polarización de la sociedad colombiana en torno a la confrontación armada no permitirá abrir el ansiado diálogo.

"No creo que esto vaya a conducir a nada diferente a la liberación de unos secuestrados, eso es positivo, pero no creo que vaya a ser un primer paso a una negociación que conduzca a la paz en Colombia", dijo Restrepo.

Según el experto, "los secuestrados son una carga muy pesada tanto en términos militares como políticos" para las FARC; el Gobierno de Santos "ha aprendido a sacar ventaja de las liberaciones" y adicionalmente Colombia "no está preparada para la paz".

"Sólo el liderazgo de la sociedad civil podría conducir a un proceso de paz, eso es lo que falta, no creo que el presidente Santos pueda conducir ese liderazgo, hace falta una especie de Nelson Mandela, alguien que muestre esa voluntad de paz y logre romper la polarización de la sociedad", indicó.

"Los colombianos no estamos preparados para la paz, ni la guerrilla, ni el Gobierno, ni la sociedad civil", remarcó Restrepo, al considerar que de ahí viene el freno al diálogo, cuya causa es la "polarización en contra de la guerrilla".

Esto, a su juicio, permitirá la continuación de la estrategia militar sin poner fin al conflicto.

Es más, la ejecución de los cuatro secuestrados "va a conducir a una radicalización contra las guerrillas, y eso va a prolongar el conflicto, lo va a llevar a una guerra de baja intensidad", concluyó el estudioso.