Las empresas extranjeras que consideran invertir en China para apuntalar sus mermadas ventas globales tienen que pagar ahora más impuestos por sus nóminas laborales, tasas extra para subvencionar a los sindicatos y otras cargas que han ensombrecido su futuro económico cuando la economía global ha iniciado una desaceleración.

El mayor temor de muchas de estas empresas es la súbita obligación que tienen los empleados extranjeros y sus patronos para destinar hasta el 40% de sus salarios a pensiones y otros gastos sociales.

Las empresas automovilísticas encaran además un posible aumento de los impuestos, mientras que las autoridades fiscales analizan un sistema que recauda las contribuciones gremiales en nombre de un conglomerado sindical impuestas a las empresas sin mano de obra agremiada.

Los cambios ocurren al mismo tiempo que los medios de comunicación estatales resaltar las deficiencia en la seguridad de algunos productos y otras quejas contra conglomerados extranjeros como Wal-Mart Stores Inc. y la energética ConocoPhillips Co. Además, las empresas aguardan con nerviosismo la publicación de las nuevas normas sobre patentes y marcas registradas que podrían obligarles a transferir secretos tecnológicos.

Los gravámenes de pensiones y seguro médico entraron en vigencia el 15 de octubre, a menos de seis meses de haber sido anunciados. Las empresas tuvieron que apañarse para obtener el dinero y los empleados se preguntaron si podrán recibir los beneficios.

El costo "quizá marque la diferencia para algunas empresas entre un año de beneficios y un año de pérdidas", dijo Adam Dunnett, director adjunto en Beijing de la firma asesora APCO Worldwide.

Los cambios han ocasionado interrogantes ante la actitud de Beijing con las empresas extranjeras que el año pasado invirtieron 105.000 millones de dólares en China y emplean 10 millones de trabajadores chinos.

El gobierno comunista necesita sus inversiones y conocimientos para desarrollar su industria cibernética, automovilística, energética, de telecomunicaciones y otras pero los considera rivales de las empresas chinas que desea transformar en competidoras globales.