El ex presidente israelí Moshe Katsav ingresó el miércoles a una cárcel de mínima seguridad para cumplir su sentencia de siete años por violación, luego de acusar al estado de Israel de "ejecutar" a un hombre inocente.

Fue un día agridulce en la historia israelí, un momento vergonzoso porque el que ocupó un puesto tan importante estaba tras las rejas por cometer un crimen tan atroz, pero al mismo tiempo un momento de honor porque esto demuestra que en Israel incluso un presidente es tratado por igual ante la ley.

Katsav, de 66 años, fue encontrado culpable hace un año de violar a una ex empleada cuando era ministro y de acosar sexualmente a otras dos mujeres cuando fue presidente de 2000 a 2007.

El ex presidente, quien en repetidas ocasiones se dijo inocente, permaneció libre mientras apelaba su caso, pero la Corte Suprema ratificó la sentencia el mes pasado y le ordenó ir a prisión.

Imágenes de televisión lo mostraron el miércoles ingresando a la prisión de Maasiyahu, en el centro de Israel.

Katsav lucía agitado y abrumado cuando salió de su casa en el pueblo sureño de Kiryat Malachi y enfrentaba a las hordas de periodistas que se congregaron en el lugar antes de que partiera hacia la prisión.

En una breve declaración, el ex presidente acusó a las autoridades de ignorar la evidencia que según él lo exoneraba y predijo que un día "la verdad saldrá a la luz".

"El estado de Israel está ejecutando hoy a un hombre basado en impresiones, sin el testimonio en tiempo real, sin pruebas", criticó Katsav. "Un día, las conciencias se remorderán y verán que enterraron vivo a un hombre".

Las autoridades de la prisión informaron que Katsav será colocado en una sección especial en Maasiyahu reservada a religiosos judíos y compartirá celda con Shlomo Benizri, un ex ministro sentenciado por aceptar sobornos.