El mundo se hace cada vez más saludable, aunque la deuda y la inseguridad se incrementan y la brecha entre ricos y pobres se amplía "peligrosamente", según el informe "Estado del Futuro 2011", sobre posibles escenarios de desarrollo hasta el año 2050 presentado hoy en Buenos Aires.

El documento, elaborado por el Proyecto Millenio, es optimista sobre el desarrollo en la próxima década "porque se están haciendo más cosas bien que mal", apuntó el director de la iniciativa, Jerome Glenn, quien, no obstante, admitió que los desafíos son todavía muchos.

El optimismo proviene de datos como la reducción de la mortalidad infantil en un 30 por ciento en la última década, el aumento de la escolaridad en enseñanza secundaria o el descenso de los conflictos armados.

Sin embargo, el deterioro de capítulos como corrupción, cambio climático o terrorismo, pueden ensombrecer el futuro mundial a corto y medio plazo.

El informe recuerda que el 90 por ciento de los desastres naturales ocurridos en 2010 estuvieron relacionados con el clima, dejaron 295.000 víctimas mortales y costaron 130.000 millones de dólares.

Pese a la mejora de los indicadores globales de salud y educación, todavía cerca de 900 millones de personas carecen de acceso a agua potable y 2.600 millones no tienen saneamiento adecuado, una situación que puede agravarse con el crecimiento de la población mundial que, en 2050, ascenderá a 9.300 millones de personas.

La brecha entre ricos y pobres sigue creciendo: más de 900 millones de personas, el 13 por ciento de la población, vive en una situación de extrema pobreza y sólo 17 millones habrán salido de la extrema pobreza en 2015, según cifras del Banco Mundial recogidas en el informe "Estado de Futuro 2011".

En medio de esta coyuntura cobran especial importancia las alternativas para impulsar los procesos de paz, el ahorro energético o la lucha contra la corrupción.

Sólo el crimen organizado mueve más de 3 billones de dólares al año, el doble del presupuesto militar del mundo y, de acuerdo con cálculos del Banco Mundial, los sobornos absorben un billón de dólares anuales y el lavado de dinero hasta 6,5 billones.

La propuesta de Jerome Glenn para combatir el problema pasa por un acuerdo global y por la intervención del Fondo Monetario Internacional y la Corte Penal de La Haya, mientras los gobiernos impulsan mecanismos de transparencia y educación para frenar la corrupción.

"Ellos (los delincuentes) trabajan a nivel global y la estrategia de lucha tiene que ser también global", afirmó Glenn durante la presentación del estudio, que presta especial atención a la situación en América Latina.

El escenario más preocupante dibuja un aumento del crimen organizado en la región hasta el punto de que la mitad del empleo podría estar ligado a actividades relacionadas con este delito, en especial con el narcotráfico.

Un escenario basado en las condiciones actuales que "tiene muchas probabilidades de producirse si no hacemos nada", admitió Miguel Ángel Gutiérrez, director del Centro Latinoamericano de Globalización y Perspectiva y miembro del Proyecto Millenio.

En este contexto, la despenalización del consumo de estupefacientes sería un factor decisivo para reducir el índice de corrupción y criminalidad en la zona, aunque, reconoció Glenn, no hay soluciones que no contengan aspectos negativos.

"Yo estoy de acuerdo en que habría que despenalizar", dijo el ejecutivo. "En Estados Unidos no aprendieron nada de la ilegalización del alcohol. Una ideología religiosa o económica de una minoría no debería destruir a la mayoría", agregó.

"Estado del Futuro" es un informe anual que se publica desde 1997 y en el que participan más de 3.000 científicos y especialistas de distintas disciplinas.