Los árboles de Bangkok que se han salvado de la vorágine que ha hecho de la capital de Tailandia una jungla de cemento son hoy un tesoro medioambiental que grupos de ciudadanos intentan evitar que sean devorados por las fauces del ladrillo.

La naciente preocupación ciudadana por los espacios verdes ha impulsado la creación de asociaciones como la Fundación Sueb Nakasathien, Green World, Quiet Bangkok o Big Trees Group, que realizan campañas contra la desaparición de los árboles ante el acoso urbanístico.

"Nuestra cultura y religión está muy ligada a la naturaleza, y por eso queremos defender nuestro entorno", declara a Efe Tawan Changtrakul, sentado a la sombra de un palmito en el templo Dhammamongkol en pleno centro de Bangkok.

La frondosa vegetación tropical del jardín de este templo es un oasis en la bulliciosa avenida de Sukhumvit, donde los rascacielos se alternan con edificaciones de poca altura y las aceras existentes son a menudo intransitables.

"Ahora los vecinos exigimos más a las autoridades y a las constructoras para que no terminen con todos los árboles", agrega Tawan, abogado de profesión.

Como en otros muchos barrios, los vecinos de la comunidad próxima al templo depositan ofrendas al lado de los troncos, decorados con guirnaldas y flores, para honrar a los espíritus protectores que, según la tradición, habitan en su interior.

Según datos de las autoridades locales, en Bangkok, una metrópoli de 7.761 kilómetros cuadrados de extensión, quedan en pie unos 5,7 millones de árboles, incluidos los plantados en sus 25 parques principales y los que sobreviven en la miríada de callejones conocidos por "soi".

Muchos árboles tienen que ser replantados o destruidos debido a la galopante construcción de enormes centros comerciales en moles de cemento con toques de diseño tropical, condominios o líneas de la red del tren que transita por encima de algunas calles de esta congestionada urbe de 12 millones de habitantes.

Desde los años ochenta, las constructoras inundan Bangkok de hormigón gracias a la escasa planificación urbanística de las autoridades, que hasta no hace mucho no toleraban que la vegetación formara parte del paisaje capitalino.

Ahora en cambio, las constructoras son vigiladas por asociaciones vecinales recién concienciadas con la preservación del medio ambiente e incluso por las autoridades locales que ya ha oído hablar del cambio climático.

"Es necesario algún tipo de protección legal de los árboles de la urbe, al igual que existe una ley para impedir la deforestación", dice a Efe Waridtha Chiamchirakun, funcionaria en la Oficina de Parques Públicos de Bangkok.

En su opinión, la colaboración y la concienciación de la población es muy necesaria para proteger los árboles de las vías públicas.

"Los más vulnerables son los que están en terrenos privados en los que las autoridades no podemos exigir su protección, algo que sí podemos hacer en zonas no urbanas como bosques o terrenos rústicos", agregó.

Según Waridtha, la mayoría de los árboles que se retiran para dar paso a cualquier construcción, son replantados en zonas periféricas, aunque esta solución no impide la desaparición de las zonas verdes en el centro de la capital.

A mediados de este año, el Gobierno capitalino publicó un libro sobre las varias decenas de árboles centenarios y de gran tamaño que fueron identificados por medio de un concurso organizado junto con asociaciones medioambientales y colectivos vecinales.

Esta iniciativa persigue concienciar sobre el valor de especies como un palisandro birmano en la escuela Suriyothai, votado como el ejemplar más bello, o la higuera india en una sucursal del banco Siam Commercial, elegido como el más valioso.

Los árboles cumplen una función esencial para controlar los gases que provocan el cambio climático, tal como evidencian las campañas de reforestación de Naciones Unidas inspiradas en la nobel de la paz keniata, Wangari Maathai, fallecida el pasado septiembre.

Además de la degradación del terreno y los humos, el mar amenaza con sumergir Bangkok en los próximos 20 años debido al hundimiento del suelo acentuado por los pesados rascacielos y la subida del nivel del agua causada por el calentamiento global.

Por Gaspar Ruiz-Canela