El domingo fue en el Cono Sur uno de esos días en que uno agradece a su padre o a su abuelo por haberle inculcado el amor por el fútbol.

Más allá de los colores de las camisetas involucradas, las tres escuelas más tradicionales del fútbol sudamericano — Brasil, Argentina y Uruguay — regalaron consagraciones épicas que un verdadero amante del fútbol no puede menos que disfrutar.

En Uruguay, un equipo que había empezado mal la temporada bajo el mando de un entrenador novato terminó ganando 22 de los últimos 24 puntos, se llevó el clásico nacional en el camino y logró el título cuando estaba a 12 minutos de perderlo.

¿Puede haber una historia mejor?

En Argentina, uno de los dos equipos más populares salió campeón después de tres años de malas campañas, invicto y a dos fechas del final, mientras su eterno rival pena y sufre en la segunda división por primera vez en su laureada historia.

¿Puede haber un placer más grande?

En Brasil, uno de los grandes clubes de la mayor ciudad de Sudamérica se despertó con la noticia de la muerte de uno de sus ídolos históricos y por la tarde lo homenajeó con banderas, ceremonias y el quinto campeonato nacional de su historia ante su histórico oponente.

¿Puede haber un recuerdo más imborrable?

Claro que, como todo hincha sabe, el fútbol no es color de rosa.

El Nacional uruguayo se tuvo que sobreponer a las dudas sobre su entrenador y su plantel tras un arranque gris, Boca Juniors se consagró a la sombra de la intervención política en el fútbol argentino y el Corinthians brasileño se coronó ante Palmeiras entre grescas y expulsiones después de una semana de suspicacias sobre el arbitraje.

Para que Nacional llegara al título del Apertura, el plantel del debutante técnico argentino Marcelo Gallardo tuvo que superar la zozobra de las primeras fechas, en que empataba y empataba mientras sus rivales se alejaban.

Tras dos victorias y cuatro empates y una eliminación temprana de la Copa Sudamericana, en la séptima fecha el "Bolso" perdió con el último, Bella Vista. La contratación del recién retirado volante como DT ya no parecía tan buena idea y el plantel escuchaba rumores de refuerzos.

Pero vino la remontada histórica, con siete triunfos y un empate, incluido un triunfo 2-1 sobre Peñarol con un gol de penal a los 90 minutos. El clímax fue el 1-0 del domingo sobre Liverpool, con un golazo a los 78 minutos de Alvaro "El Chino" Recoba.

Como si a la tarde le faltaran condimentos, el ex Inter le robó con su tanto el título a Danubio — donde surgió y fue figura_, que había goleado 4-1 a Bella Vista con tres tantos de su cuñado Diego Perrone.

"De nada vale este título si no ganamos el Uruguayo", advirtió Recoba, sobre la gran final contra el ganador del próximo Clausura.

Al otro lado del Río de la Plata, Boca se consagró al vencer 3-0 a Banfield en una Bombonera repleta tras tres años de vacas flacas. Pero la vuelta olímpica llegó en medio de una pelea política que empañó al fútbol argentino.

Tigre, único escolta de Boca a nueve puntos, debía visitar el sábado a San Lorenzo y, si no ganaba, el título hubiera sido de los Xeneizes antes de salir a la cancha. Pero, luego de varios días de tira y afloje con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), el gobierno de la capital inhabilitó el estadio.

Boca tenía elecciones presidenciales la mañana del domingo, con un candidato favorable al gobierno nacional — aliado de la AFA — y un opositor vinculado al jefe de gobierno de Buenos Aires, el ex mandatario boquense Mauricio Macri.

Las conjeturas señalaban que una consagración anticipada de Boca hubiera favorecido al presidente que buscaba la reelección. Pero como Tigre no jugó, el campeonato no influyó en la elección. Y, quizás con un empujón impropio, el candidato macrista terminó por ganar la presidencia.

A los hinchas xeneizes no les importó, felices al dedicarle el campeonato a los "primos" de River Plate, que por las vueltas del destino cruel habían sufrido la noche anterior una derrota en segunda división contra un club provinciano... llamado Boca Unidos.

"Este año fue muy duro, el peor en toda la historia", resumió el lunes el delantero de River, Fernando Cavenaghi.

En el estadio Pacaembú, Corinthians enfrentaba a Palmeiras horas después de la muerte de Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, aquél de la figura alargada, el rostro barbado y los exquisitos pases de taco.

Los hinchas lo recordaron con banderas, los jugadores imitaron su festejo de gol con un puño cerrado en el aire... y el partido terminó 0-0 con dos expulsados por bando tras faltas fuertes y grescas varias. Similar ambiente se vivió en el 1-1 del Vasco da Gama, el otro contendiente, con Flamengo.

Durante la semana, el gran debate había sido sobre las dudas respecto de los arbitrajes, en momentos en que el presidente de Corinthians Andrés Sánchez acaba de asumir como director de selecciones, el segundo puesto más importante de la Confederación Brasileña de Fútbol. Que el anuncio se hiciera en la recta final del campeonato generó críticas y sospechas de un presunto favoritismo.

Tras la victoria, los jugadores prefirieron recordar a Sócrates.

"Es una pena que el título haya llegado en una fecha triste", dijo el mediocampista Alex. "El 'Doctor' tenía que estar aquí con nosotros".

Fue una tarde de sol y gritos de "campeón" en Montevideo, Buenos Aires y Sao Paulo, aunque con los nubarrones que muchas veces rondan al fútbol.

Pero, para bien o para mal, lo que quedará en la memoria de los hinchas será la remontada épica de los muchachos del "Muñeco" Gallardo, el título que Boca ganó cuando River estaba en la "B'', y aquel domingo que Sócrates murió y Corinthians le regaló un campeonato.

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Diego Graglia es editor de deportes de The Associated Press y está en Twitter como @TheDailyDG.