Los planes de Francia y Alemania de salvar al euro mediante una unidad europea reforzada se toparon el martes con un serio desafío de Gran Bretaña, mientras surgían divisiones profundas entre los 17 países de la UE que utilizan el euro y las otras 10 que no lo hacen.

Bajo la amenaza de que la moneda común no pueda sobrevivir, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, habían propuesto cambios sustanciales a los tratados de la Unión Europea para reforzar los controles a todos los países que usan el golpeado euro, de manera que no incurran en demasiados gastos presupuestales y endeudamiento.

Sus comentarios reforzaron las expectativas del mercado de que durante su cumbre del viernes próximo, los líderes europeos finalmente le pondrán coto a la crisis de la deuda europea a través de normas financieras reforzadas. La crisis, de dos años de duración, se ha apoderado del continente y pone en peligro toda la economía mundial.

David Cameron, el primer ministro de Gran Bretaña — una nación europea que no utiliza el euro — dijo el martes que irá a la cumbre de Bruselas "para defender y promover los intereses británicos".

"Los países de la eurozona deben unirse, tienen que hacer más cosas juntos. Si optan por utilizar el tratado europeo para eso, Gran Bretaña insistirá en algunas salvaguardias también", declaró Cameron el martes. "Mientras las tengamos, entonces ese tratado podrá seguir adelante. Si no las recibimos, no lo hará".

Cameron es el líder del Partido Conservador de Gran Bretaña, que se ha resistido a la transferencia de más poderes a las instituciones de la UE en Bruselas. Muchos miembros del partido siempre han querido deshacerse de la UE por completo.

Por otro lado, a Cameron no le conviene perder poder con el bloque de 27 naciones si Francia y Alemania crean un club de naciones de la eurozona con normas más estrictas con los presupuestos nacionales y sanciones automáticas para aquellos que se aparten de ellas.

Las garantías citadas por Cameron incluyen la importancia de mantener un mercado comunitario único de unos 500 millones de consumidores y asegurarse de que cualquier medida de la zona del euro no ponga en peligro el estatus de Londres como centro financiero global.

Como si las divisiones internas no fuesen suficiente, a la presión se sumó Standard & Poor's. La agencia de calificación crediticia advirtió que si los líderes europeos no actúan podría degradar la calificación de las 15 naciones de la eurozona, así como del fondo de rescate europeo.

Si se degrada el fondo de rescate, que ya ha sido usado para auxiliar a Irlanda, Portugal y Grecia, ello implicaría automáticamente un encarecimiento de las tasas de préstamo a otros países en el futuro, lo que haría más difícil que se recuperen. El fondo de rescate depende de la calificación crediticia máxima, de AAA, que tienen Alemania y Francia.

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Los periodistas de The Associated Press Kirsten Grieshaber y Martin Crutsinger en Berlín, David Stringer en Londres, y Raf Casert y Gabriele Steinhauser en Bruselas contribuyeron a este despacho.