El escritor español Marcos Giralt Torrente visita por primera vez la Feria del Libro de Guadalajara, en la que presenta estos días la edición mexicana de "El final del amor", cuatro relatos sobre amores que naufragan y que suscitan profunda inquietud en el lector.

Esta obra mereció el pasado mes de marzo el Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, que no es el único galardón que ha obtenido este año Giralt Torrente (Madrid, 1968).

Hace unos días ganó en España el Premio Nacional de Narrativa por su obra autobiográfica "Tiempo de vida", un libro "muy especial" para este escritor, que parte en sus páginas de la enfermedad y muerte de su padre, el pintor Juan Giralt, para recrear la relación que tenía con él.

En una entrevista con Efe, Giralt Torrente asegura que haber cruzado el Atlántico con esos dos premios bajo el brazo "es siempre una satisfacción", pero "si tienes miedo al avión", como es su caso, "el premio no te vacuna contra los elementos".

Es su primera visita a la FIL y, aunque ha participado en muchos encuentros internacionales de escritores, sobre todo en Hispanoamérica, "no estaban tan concurridos como los que se celebran en Guadalajara".

"Es impresionante la inmensa cantidad de invitados que hay, de actos que se organizan en torno a ellos y el numeroso público que asiste. Es conmovedor", asegura Giralt Torrente, que hoy interviene en un encuentro internacional de cuentistas.

Cuando comenzó a escribir, este narrador que ha hecho de la literatura su forma de estar en el mundo, se sentía "un tremendo impostor" porque no acababa de creerse "con méritos suficientes" para que sus libros "fuesen publicados y apreciados".

"Y no es que ahora me sienta menos impostor, pero quizá me he acostumbrado a la impostura", señala el narrador, nieto del gran escritor español Gonzalo Torrente Ballester.

A pesar de ese sentimiento, Giralt Torrente se ha ido ganando el favor de la crítica y del público con obras como "Nada sucede solo", con la que consiguió el Premio Modest Furest i Roca; "París", que obtuvo el Premio Herralde de Novela, o "Los seres felices".

En "El final del amor", publicado en México por Colofón y Páginas de Espuma, el autor ofrece "cuatro vislumbres acerca del amor". Son relatos en los que se trata de "relaciones amorosas peculiares o heterodoxas".

"Detrás de estos relatos alienta algo común a mi literatura: desvelar las relaciones de dependencia que se dan en los ámbitos más próximos. La familia me interesa particularmente porque en ella se dan todos los sentimientos que hay en el mundo pero más concentrados", afirma el escritor, uno de los autores españoles mejor valorados de su generación

Y añade: "No hay odio mayor que el que se produce entre un hijo y un padre, no hay traiciones mayores que las que se dan entre hermanos. Si quieres hacer un libro sobre el autoritarismo, lo mejor es utilizar a un padre, más que a un dictador", señala el autor.

Este escritor huye de "la literatura que proporciona certezas", porque lo que le estimula "es explorar lo incierto, lo vago, lo resbaladizo".

Y el terreno de la incertidumbre es el que pisa en este libro con el que regresó a la ficción tras "Tiempo de vida" (Anagrama), una obra aclamada por la crítica, finalista de varios premios y que, finalmente, obtuvo el Nacional de Narrativa.

Al recrear la relación con su padre, el escritor tuvo siempre "cierto temor a que no fuera comprendido literariamente, dado que es un testimonio personal".

Tras la muerte de su padre en 2007, "y tras un año de duelo", su única salida fue acudir a la literatura. "Volver sobre todo aquello fue muy doloroso porque supuso prolongar el duelo, pero de alguna forma era lo único que podía hacer: quizá lo he podido superar gracias a que conseguí hacer literatura de mi experiencia".

El libro "no es un ajuste de cuentas o una blanda y sentimental reconciliación. Es un intento de reflejar la vida tal y como es, en este caso aplicada al viaje vital de un padre y un hijo", asegura Giralt.