Semanas antes del retiro de las tropas estadounidenses, el primer ministro de Irak pronosticó el sábado que su país alcanzará la estabilidad y permanecerá independiente de su vecino Irán.

Nuri al-Maliki también advirtió de una guerra civil en Siria si el presidente Bashar Assad es derrocado, punto de vista que lo acerca a la posición de Teherán y lo aleja de la de Washington. El pronunciamiento de política exterior indica que Irak está saliendo de las sombras de la influencia estadounidense en una forma no prevista cuando fuerzas de Estados Unidos lo invadieron hace ocho años para derrocar a Saddam Hussein.

"La situación en Siria es peligrosa", dijo al-Maliki a The Associated Press durante una entrevista en su oficina en un palacio de la era de Hussein en la llamada Zona Verde de Bagdad. "Las cosas deberían manejarse en forma apropiada, de forma que la primavera en Siria no se convierta en un invierno".

El gobierno del presidente estadounidense Barack Obama ha criticado abiertamente la sangrienta represión ordenada por Assad a las protestas en su contra, que según las Naciones Unidas ha dejado más de 4.000 muertos hasta la fecha. La situación en Siria es la más sangrienta en la oleada de sublevaciones populares que han recibido el nombre de la Primavera Arabe.

Irak ha sido mucho más cauteloso al manejar su posición y se abstuvo de sufragar en dos votaciones clave de la Liga Arabe en las que Siria fue suspendida como miembro y le fueron impuestas sanciones. Eso ha generado preocupaciones de que Bagdad esté sucumbiendo a la presión iraní para proteger al régimen de Assad. Teherán es el principal partidario de Damasco.

Al-Maliki insistió en que Irak establecerá sus propias políticas en el futuro de acuerdo con sus intereses nacionales, no los dictados por Irán o algún otro país.

Algunas autoridades estadounidenses han insinuado que la influencia iraní en Irak crecerá inevitablemente una vez que partan las fuerzas de Estados Unidos.

Ambos países tienen mayorías chiíes y están dominados por grupos políticos de esa rama religiosa. Muchos políticos iraquíes pasaron algún tiempo en Irán durante el régimen represivo de Hussein, y se cree que uno de los principales aliados de al-Maliki — el clérigo antiestadounidense Muqtada al-Sadr — pasó la mayor parte de su tiempo en Irán.

"Irak no es un seguidor de ningún país", dijo al-Maliki. Recordó varias áreas en las que Bagdad ha actuado en contra de lo que desea Irán, una de ellas la firma del acuerdo de seguridad en 2008 que requirió que todas las fuerzas estadounidenses partieran de Irak a fines de este año. Teherán había presionado para que todos los soldados de Washington salieran del país incluso antes.

Sin embargo, también hizo énfasis en que Irak desea mantener buenas relaciones con Irán, pues ambos países comparten amplios vínculos culturales, económicos y religiosos.

"Es evidente que no somos enemigos de Irán y no aceptamos que alguien que tenga problemas con Irán nos utilice como campo de batalla. Algunos quieren combatir a Irán con recursos iraquíes como ha ocurrido en el pasado. No permitimos que Irán nos use contra otros con los que tiene problemas, y no permitimos que otros nos usen contra Irán", afirmó.

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El corresponsal Sameer N. Yacoub de The Associated Press contribuyó con este despacho.