La Policía paquistaní investiga el secuestro del contratista estadounidense Warren Weinstein, desaparecido en agosto pasado y cuyo rapto fue reivindicado ayer por la red terrorista Al Qaeda, informó hoy a Efe una fuente oficial.

"La investigación continúa igual que antes", dijo un funcionario de la Agencia de Investigación de Crímenes de la ciudad oriental de Lahore, donde fue capturado Weinstein.

Preguntado sobre el mensaje del líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en el que reivindica su secuestro, el funcionario se limitó a señalar que su agencia "no tiene más detalles" sobre el asunto.

Weinstein, de 70 años y origen judío, trabaja para la consultora estadounidense J.E. Austin Associates y vivía en Lahore desde 2006, según fuentes policiales paquistaníes consultadas por Efe.

Un grupo de hombres armados irrumpió en su domicilio el 13 de agosto y capturó al contratista.

Una fuente del sector de las contratas al corriente del caso apuntó a Efe que Weinstein no se hallaba bien de salud antes del secuestro.

Doce días después de su secuestro, algunos medios internacionales informaron de su liberación a partir del testimonio de un jefe policial, lo que se demostró falso.

Las fuerzas de seguridad lanzaron efectivamente una operación para rescatarlo en el distrito punyabí de Khushab, pero esta no fructificó.

Al Zawahiri, que aseguró que Weinstein está en manos de su organización, pidió a cambio de su liberación el fin de los ataques aéreos estadounidenses en Afganistán.

"Igual que los estadounidenses detienen a todos los que sospechan incluso remotamente que tienen lazos con Al Qaeda y los talibanes, detuvimos a este hombre, que ha estado implicado en la ayuda estadounidense a Pakistán desde los años 70", dijo Al Zawahiri.

Este secuestro, unido al de otros extranjeros -como el de una pareja suiza-, ha alarmado a la comunidad internacional que reside en Pakistán.

El antiamericanismo ha crecido durante los últimos meses en Pakistán, sobre todo al calor del espía de la CIA que mató a dos paquistaníes en Lahore a finales de enero y de la operación norteamericana que puso fin a la vida de Osama Bin Laden en mayo.

El ataque de la OTAN, cuyos aviones mataron al menos a 24 soldados paquistaníes el día 26, es el último capítulo de la espiral de tensión que se registra en las relaciones entre Pakistán y EEUU.